03 de Diciembre 2021

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17/10/2021

Una sola ronda con varios mates

Investigadores de la Universidades de Rosario y Entre Ríos estudian cómo cambió el uso y la circulación de la infusión a raíz de la pandemia que obligó a adaptar una costumbre arraigada.


 



Para los argentinos el mate es mucho más que una bebida, es una excusa para encontrarse, una costumbre familiar que se hereda y acompaña siempre. Pero, a raíz de la pandemia, este hábito sufrió algunos cambios ya que una de las recomendaciones sanitarias oficiales fue la de no compartirlo.

"Cada uno con su mate, nos cuidamos entre todos", fue el lema de una campaña que lanzó el Instituto Nacional de la Yerba Mate con el objetivo de concientizar a la población para tomar recaudos frente al covid. El consejo era que el mate cebado se consuma de forma individual y los utensilios (mate, bombilla y termo) sean higienizados luego de cada uso.

En este contexto, un  equipo de investigadores de la Universidad Autónoma de Entre Ríos y de la Universidad Nacional de Rosario realizaron una investigación para analizar los cambios en el consumo del mate a partir de observaciones y entrevistas. 

Los resultados indican que el hábito de tomar mate continúa y la cantidad de  ingestas diarias no varió considerablemente. Sin embargo, un cambio fundamental se da en el hecho de compartirlo. Antes de la pandemia, el 96% de quienes tomaban la infusión la compartían con otras personas pero ese porcentaje bajó luego de las recomendaciones sanitarias. Si bien el 71% lo sigue compartiendo, lo hacen sólo con su grupo familiar o conviviente. En tanto, el 66% de los encuestados reconoció el consejo del área de salud. De todos modos, la mitad de ellos volvería a los hábitos tradicionales finalizada la pandemia. Otro cambio relevante que arrojó la investigación es la  incorporación de otras infusiones, en el 20% de los casos. 

Según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate, en Argentina se consume un promedio 6,4 kg por habitante por año y la yerba mate está presente en más del 90% de los hogares. Su consumo es altamente beneficioso para la salud, ya que contiene vitaminas del grupo B, posee un gran poder antioxidante, produce un efecto energizante y ayuda a reducir el colesterol malo y los triglicéridos. 

Pero además, compartir la infusión da cuenta de una profunda simbología. Un texto de la Cancillería Argentina expresa que “es el compañerismo hecho momento, es la modestia de quien ceba el mejor mate, es la generosidad de dar hasta el final, es la hospitalidad de la invitación, es la justicia de uno por uno,  es la obligación de decir “gracias”, al menos una vez al día, es la actitud ética, franca y leal de encontrarse, sin mayores pretensiones que compartir”.

“Por razones de salud, bajó el porcentaje de personas que comparten el mate con desconocidos que, antes de la pandemia, se unían a la ronda como una especie de ritual de ingreso al grupo”, explica la directora del estudio Norma Levrand y agrega que también impactó debido a las restricciones en  espacios como plazas, parques, instituciones educativas y espacios laborales donde era habitual esta práctica.

Quienes no forman parte de esta comunidad consideran como una condición insalubre el hecho de compartir el mismo recipiente para sorber la infusión. De hecho, el uso compartido de la bombilla ya había sido  asociado a conductas poco higiénicas o directamente a la transmisión de  enfermedades. Entre la documentación consultada, disposiciones de la  Policía Federal Argentina de 1899 y 1936 prohíben el consumo de la  infusión en la repartición.  

El avance de la Modernidad produjo cambios con la implementación de nuevos elementos para su consumo tales como termo individual, introducción del plástico y vidrio para los recipientes en los que se ceba el mate, que tuvieron su justificación en los argumentos higienistas. 

Patrimonio cultural

El origen del mate se remonta a los pueblos guaraníes, que utilizaban las hojas del árbol como bebida, objeto de culto y moneda de cambio. Durante las largas travesías por la selva, los conquistadores españoles notaron que los guaraníes tenían mayor resistencia luego de tomar esta bebida sagrada. 

Más tarde los jesuitas introdujeron el cultivo en las reducciones y contribuyeron a su difusión y comercialización, al punto tal de que la infusión se hizo conocida entonces como té de los jesuitas. El hábito luego fue adoptado por los inmigrantes y se mantiene hasta la actualidad con ciertas modificaciones.

El mate, el fútbol, el tango y el asado son parte de nuestra identidad como argentinos y tienen la característica de ser elementos inmateriales de la cultura. La Ley 26.871 sancionada en 2013 declaró al mate como infusión nacional, disponiendo la promoción y difusión de sus tradiciones en eventos y actividades culturales, sociales o deportivas de carácter oficial.

Asimismo, el 30 de noviembre de cada año se celebra el Día Nacional del Mate, en conmemoración del nacimiento del comandante guaraní Andrés Guacurarí y Artigas, “Andresito”, que fue gobernador de la provincia grande de Misiones de 1815 a 1819, fomentó la producción y dio gran impulso a la comercialización de la yerba mate. 

El equipo de investigadores, además de analizar las transformaciones que produjo la pandemia, viene trabajando desde hace cinco años para postular la ronda de mate como representativa del patrimonio cultural inmaterial de la Unesco. Cabe destacar que Argentina ya inscribió tres elementos: el tango, el fileteado porteño y el chamamé.

“La postulación del mate surge de la iniciativa de trabajar sobre temáticas patrimoniales con una mirada tendiente a su salvaguarda”, afirma Levrand y explica que pretenden rescatar la participación de la comunidad como protagonista de la costumbre de tomar mate. 

La práctica incluye elementos inmateriales (sentimientos, saberes, tradiciones, lenguaje) con bienes materiales (producción artesanal e industrial de los utensillos e ingredientes). “Es una manifestación que permite una identificación inmediata con los individuos de la comunidad, al tiempo que reconoce ciertos saberes transmitidos”, sostiene la investigadora. Se trata de una costumbre fuertemente arraigada en el territorio y recreada de manera constante por las comunidades en su vida cotidiana.

Para dar cuenta de la importancia que tiene esta práctica en nuestra comunidad, próximamente publicarán el libro “Mati ando, experiencias en la patrimonialización del mate”. Allí se analizan diversos aspectos de la ronda de mate: las representaciones sociales, la espectacularización a partir de la fiesta del mate, una mirada desde el patrimonio gastronómico y la merienda asociada al mate, así como la postulación que realizaron para el sistema de la yerba mate como un patrimonio cultural del Mercosur. Este último tema se encaró desde la Secretaría de Bienes Culturales de la Nación e involucró a los gobiernos de Entre Ríos, Corrientes y Misiones.

La investigación “Cambios culturales en la ronda de mate en Argentina: énfasis en las condiciones de aislamiento por Covid-19” fue dirigida por la Dra. en Derecho Norma Levrand, docente de la Universidad Autónoma de Entre Ríos e investigadora del Instituto de Estudios Sociales del Conicet/UNER junto a un equipo que integra el  Mg. Claudio Staffolani, docente e Investigador de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR.



  • Periodistas: Victoria Arrabal
  • Fotógrafos: Camila Casero