17 de Septiembre 2021

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08/07/2021

Memorias 4. Entrevista a Lide Bertinat

Continuamos con el Ciclo de Entrevistas a Referentes de Organismos de Derechos Humanos de la ciudad de Rosario con el objetivo de tender puentes entre el pasado y los desafíos que presenta el contexto actual de pandemia


Tags: derechos humanos entrevista  



Hoy dialogamos con Lide Bertinat, referente de la Liga Argentina por los Derechos Humanos.

1- ¿Qué relación hay entre tu experiencia de vida y la militancia en el organismo del que formás parte?

Como ustedes saben, mi militancia es remota; la Liga Argentina por los Derechos de los Hombres se formó en 1937 a raíz de las persecuciones del gobierno de Agustín Pedro Justo (1932-1938) y, sobre todo, por la ley anticomunista. En ese contexto, se formó esta organización que la encabezaron en ese momento Arturo Frondizi, Lisandro de la Torre, Alcira de la Peña, Mario Bravo, Alfredo Palacios, es decir, grandes personalidades, intelectuales y trabajadores, tanto de la medicina, abogados como políticos. A partir de ahí la Liga tuvo mucho trabajo, muchas movilizaciones y en todos los gobiernos. La Liga trabaja en todas las épocas que tiene que trabajar y, desgraciadamente, en este país tuvo que trabajar siempre.
En el año ‘51 empecé mi carrera de Abogacía en Santa Fe. Yo venía del campo, soy hijo de campesinos y, junto con otros jóvenes entrerrianos, correntinos, misioneros y chaqueños, estábamos todos juntos en una pensión -éramos como 20. Dentro de ellos, había dos cuyas actividades eran para nosotros un poco difíciles de entender: a la noche se escondían en una habitación y al otro día salían con diversas cosas. Un día nos invitan a varios y nos dicen “che, a ustedes les gustaría hacer esto o aquello” y nos empiezan a explicar algo de la Liga. ¿Qué es la Liga? “Si quieren probar los llevamos”. Con un volante salimos a distribuirlo frente a una fábrica donde habían detenido a una trabajadora. Les cuento esta anécdota, porque es mi primera tarea política. Entonces fuimos a hacer la volanteada y cuando volvimos a la pensión uno que estaba allí nos dijo: “che, ustedes se fueron a defender a una comunista”. Nosotros le dijimos: ¿qué es eso? Porque sabíamos en general qué era, pero no en la situación. En concreto, fue esa la primera tarea que hice por la libertad de una persona.
A partir de ahí estuve siempre cerca de la Liga. En la época del peronismo hasta el ‘55 hubo muchas tareas para hacer; la Sección Especial de la Policía[1]  siguió funcionando hasta el final; yo caí en el año ‘53 en una Sección Especial en Buenos Aires. Entonces, siempre de alguna o de otra forma participé de actividades de la Liga; a veces de manera más intensa, a veces prácticamente no, porque tenía otras tareas, hacía otras cosas al ser abogado laboralista. Trabajé en la Asociación de Abogados Laboralistas y participé desde su fundación. En todas aquellas cosas que surgían y restringían los derechos, las libertades, he tratado de estar y participar, sobre todo durante la dictadura, con mucha autoridad, pero, además, con mucho coraje. Con un grupo de compañeros que se integró a la Liga alquilamos un local en la (calle) cortada Ricardone de la ciudad de Rosario y lo tuvimos toda la dictadura. Ahí mismo se formó la organización de Familiares, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y otros organismos. La Liga ayudó en todas estas cuestiones, las acciones de solidaridad eran justamente para lo que la Liga estaba. Trabajamos en las investigaciones primero, en las últimas etapas de los juicios y cuando se indultó a los asesinos. Por suerte, habíamos hecho todo el trabajo por adelantado, encabezado por Matilde Bruera y otros compañeros con la idea de tener los elementos de prueba suficientes para todos los juicios que se fueron realizando después. Este es rápidamente mi pasaje por los derechos humanos. Hoy, sigo participando, en conjunto con otros organismos y representando a la Liga, en el Consejo Asesor de Organismos de Derechos Humanos de la UNR y en cuanta cosa que puedo participar; ya no mucho porque tengo 90 años, así que ya me quedo en casa. El 24 de marzo, los compañeros de la ciudad de Funes (residencia actual) me invitaron a participar del acto en el Ex Centro Clandestino de Detención “Quinta de Funes” y plantamos un árbol a pedido de las Abuelas de Plaza de Mayo en una plaza que, de paso, conseguimos renombrar como “Plaza de la Memoria” a través de una decisión del Concejo Deliberante.

2- ¿Cómo se resignifica la lucha de los organismos hoy, teniendo en cuenta las desigualdades profundizadas por el contexto de la pandemia?

Hoy los organismos en Rosario están trabajando todos juntos y tengo que decir la verdad y respetar a quien ha sido un bastión en esta cuestión: Juane Basso. Él jugó un gran papel en cuanto al tema de la unidad, empezó a conseguir que se coordinara todo y que siempre sean unánimes las soluciones. Lo quiero reivindicar porque jugó un gran papel este compañero, que hoy lo tenemos que sentir mucho. Por esto, hoy los organismos de derechos humanos están trabajando prácticamente todos a la par, por las mismas cosas, y lo mismo ocurre con los abogados en los juicios. Hay mucho por hacer todavía, hay juicios que están parados, por ejemplo, en la zona industrial en la que estamos, nos hemos quedado sin abogados en este momento. Hace 2 años que el fiscal terminó sus acciones y no se llama a plenario porque no tememos un abogado que lo impulse. Tenemos otro juicio importante, el de Acindar, para que los empresarios paguen por lo que pasó y, además, se van agregando otros juicios por asesinatos y secuestros de la dictadura donde hay mucha responsabilidad de las grandes empresas como Duperial, Petroquímica, Molinos del Río de la Plata, etc., y donde la mayoría de los obreros que murieron eran de esas empresas. Eso es lo que nos falta en Rosario.
Además, van apareciendo nuevos delitos que antes no se tenían en cuenta, sobre todo el tema del femicidio que, hace 5 años atrás, no aparecía en ningún juicio. La lucha de los organismos va más allá de la lucha por la vigencia de la Memoria, Verdad y la Justicia. Los organismos han resignificado su tarea incorporando nuevas luchas. En esto es muy importante la participación de los jóvenes. Dichos frentes tienen mucho de juventud y, por supuesto, la impronta del papel de la mujer. Para mí es asombroso, me pongo a pensar en 10 años atrás y no puedo creer el avance fabuloso que se ha conseguido en cuanto al reconocimiento no solo de la sociedad, sino también jurídico. Las leyes que se han conquistado en el parlamento son casi únicas, no hay muchos países que tengan este nivel, y no fue nada impuesto sino producto de una lucha, lucha de masas, eso tiene de válido. Todo esto tiene validez si detrás está la gente, el pueblo, sino queda solo en un cartel y mañana se olvida. Por suerte, de los derechos humanos no se van a olvidar nunca.

3- ¿Por qué las juventudes pueden aportar elementos importantes en esta lucha?


Es muy variada la actividad de la juventud desde hace 20 años a esta parte. Hubo un sector que fue la vanguardia y es HIJOS, de hecho, sigue siendo lo más avanzado que hay desde el punto de vista ideológico, político, sin ninguna duda. Pero, todavía son núcleos. La clave sería encontrar, acumular, a partir de incorporar más jóvenes y trabajadores, desde las fábricas, empresas…  Yo creo que muchos lo hacen muy “de costado” o participando del 24 de marzo o, por ejemplo, se observa que los trabajadores están representados en la parte exclusivamente laboral, pero ello no está vinculado con todos los derechos. Lo laboral aparece como un derecho aparte. El tema de los derechos humanos es de primer orden en estas cuestiones. A los empresarios, cualquier actividad que signifique una liberación o cierta apertura en cuanto a la cuestión laboral les asusta, se esconden, lo sienten como una amenaza, entonces actúan en forma desproporcionada; esa es una lucha de todos los días, yo lo viví 49 años. Uno puede ganar un juicio, pero con eso no resuelven los derechos humanos. Las cuestiones tienen que tomarse globalmente, caso contrario, no sirve. Aunque es cierto que cada vez son más los jóvenes, ya son miles y miles. Hace 20 años eran un grupito de 100 o 200 jóvenes que iban con la bandera. Entonces, ¿cómo hacer para que esos miles se conviertan en permanentes luchadores por los derechos humanos? Tenemos, por suerte, la última Constitución Nacional y el reconocimiento de los derechos humanos tanto nacional como internacional, que es algo que nos favorece enormemente.

[1] Órgano de represión de dicha institución.


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