19 de Agosto 2019

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20/05/2019

Adiós al kilogramo como lo conocíamos

Hoy lunes 20 de mayo, Día Mundial de la Metrología, entra en vigencia la redefinición del Sistema Internacional de Unidades. Lo recordamos con esta nota centrada en el kilogramo.


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Por Xiaozhi Lim

Desde 1889, Le Grand Kilo, un cilindro elegante de platino-iridio, ha reinado desde su bóveda subterránea en París. El objeto, un monarca absoluto, era la referencia exacta para saber cuánto pesa un kilogramo de masa. Científicos de todo el mundo hacían peregrinajes para verlo y llevaban consigo sus estándares nacionales del kilogramo para comparar los pesos.

“La nave nodriza no se equivoca nunca”, dijo Robert Vocke Jr., químico en el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) en Gaithersburg, Maryland.

Pues ya no es así. El 16 de noviembre, en un pequeño centro de conferencias a unos pasos del Palacio de Versalles, varias decenas de países votaron a favor de derrocar a Le Grand Kilo y redefinir el kilogramo y otras tres unidades estándar de medición: el amperio, para la corriente eléctrica; el kelvin, para la temperatura, y el mol, que describe la cantidad de una sustancia química. La votación hace realidad un sueño del siglo XVIII. De ahora en adelante, las siete unidades en el Sistema Internacional de Unidades, también conocido como el SI, ya no se definirán según objetos materiales; se establecerán solo mediante constantes abstractas de la naturaleza.

“Este arco de la historia comenzó antes de la Revolución francesa y ahora creo que hemos concluido el ciclo”, comentó Stephan Schlamminger, físico del NIST. La “democratización de las unidades”, dijo, ahora se ha completado.

El SI se originó a finales del siglo XVIII solo con el metro y el kilogramo. La idea era estandarizar las unidades básicas de comercio y medidas científicas. Después de todo, para que un kilogramo de monedas de oro tenga un valor universal, todos tienen que llegar a un consenso sobre la definición exacta de un kilogramo.

Para 1875, diecisiete naciones habían firmado el Tratado de la Convención del Metro en París, que estableció estándares internacionales para el metro y el kilogramo. El metro se definió como la distancia entre dos marcas en una barra hueca de platino-iridio. El kilogramo estándar era Le Grand Kilo. Ambos artefactos se almacenarían bajo llave en la Oficina Internacional de Pesos y Medidas, con copias distribuidas a varios países.

“La gente decía que era ‘para todas las épocas y todos los pueblos’”, comentó Schlamminger.

Pero no era así. Un objeto físico podría rayarse, astillarse o incluso destruirse. Los científicos comenzaron a soñar con unidades estándar de medición que fueran siempre constantes, con definiciones basadas en los elementos del universo.

El metro alcanzó ese nivel en 1983, cuando se redefinió en términos de la velocidad universalmente constante de la luz. Los científicos habían estimado la velocidad de la luz durante siglos, pero no fue sino hasta la década de los setenta, tras experimentos que involucraban láseres en un vacío, que pudieron establecer un número: exactamente 299.792.458 metros por segundo.

El metro se definió según esa cifra, como la distancia recorrida por un rayo de luz en exactamente la 1/299.792.458 parte de un segundo. (El segundo, otra unidad fundamental, se ha definido desde 1967 como la cantidad de tiempo que le toma a un átomo de cesio-133 vibrar 9.192.631.770 veces). En efecto, un metro ya no necesitaba medirse; ahora podía conjurarse según se necesitara, “se realizaba”, para utilizar un término de la metrología.

Nota completa aquí.


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