15 de Septiembre 2019

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13/02/2019

Guibert: técnicas tradicionales, endometritis bovina y anemia felina

El docente-investigador comenta algunos proyectos en curso en el CAIC. Cuando una técnica tradicional compite con técnicas más complejas.


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Por Claudio Pairoba*

Los docentes-investigadores del Centro Binacional Argentina-Italia en Criobiología Clínica y Aplicada (CAIC) vienen desarrollando proyectos conjuntos con la Facultad de Ciencias Veterinarias. Joaquín Rodríguez, director del CAIC hasta el año 2018 y docente de esa facultad (ver nota), decidió recuperar la tradicional técnica de la refractometría, muy común en el laboratorio bioquímico pero no tan común en el ámbito veterinario. El objetivo era facilitar la determinación de cantidades de sustancias en pequeños volúmenes de orina, algo con lo que los veterinarios deben lidiar.

La técnica mostró ser tan conveniente que los investigadores decidieron extenderla a otros proyectos que requieren de la medición de sustancias. Edgardo Guibert (director a cargo del CAIC) nos cuenta sobre los proyectos que involucran el uso de esta técnica tradicional así como otros trabajos que está llevando adelante junto a su equipo.

¿Cómo empiezan a aplicar la refractometría en el CAIC?
Teníamos dos refractómetros que Joaquín (Rodríguez) estaba aplicando para hacer mediciones en orina de animales, como una manera de facilitar el trabajo de los veterinarios. Decidimos aplicar esta técnica a un trabajo que hace Carla Tomatis, becaria doctoral del CONICET, criopreservando hepatocitos. Para ello tiene que medir el movimiento de un agente crioprotector, el DMSO, entrando y saliendo de la célula. La técnica está dando buenos resultados.

¿Este trabajo se iba a presentar en un congreso?
Este es uno de los trabajos que se presentaba en el congreso CRYO de España, pero luego por cuestiones económicas tuvimos que suspender el viaje. Leonardo Juan de Paz, becario doctoral del CAIC, desarrolló los experimentos haciendo mediciones de refractometría. El trabajo fue aceptado para enviar al congreso con un comentario muy interesante de uno de los revisores. Dijo que era muy bueno el ver que se usaban ciertas cosas de los años 60-70 actualizándolas, porque les permitía a los estudiantes de hoy en día ver que no todo es apretar un botón y obtener un resultado.

¿Qué proyectos estás llevando adelante con la Facultad de Cs. Veterinarias?
En la Facultad de Cs. Veterinarias estamos trabajando con dos grupos. Por un lado una becaria doctoral del CONICET, C. Luciana Savia, que estudia los problemas de tambos con vacas que no quedan preñadas. Recordemos que los tambos necesitan vacas con pariciones recurrentes para que la vaca siempre esté estimulada por el ternero y poder seguir produciendo los litros de leche diaria necesarios. Entre ciclo y ciclo tiene que haber una preñez lo más rápido posible, y si no queda preñada la vaca no produce e incluso hay que hacerle servicios. Esto deriva en una pérdida de tiempo y de recursos económicos del productor tambero. Es entonces cuando puede producirse un problema inflamatorio subclínico, sin sintomatología, que lleva a una endometritis subclínica. Lo que hace Caren Savia es muestrear vacas de distintos tambos de la zona aledaña a Casilda, para ver si es factible encontrar alguna característica diferencial para poder detectarlas. Está encontrando tres grupos poblacionales: vacas normales, las subclínicas y las clínicas que tienen un moco purulento. Esto hace que pueda hacer un estudio de la incidencia y ver que en los últimos dos años la endometritis subclínica ha aumentado de un 18-22% a más del 30% con tendencia en alza. Esto se condice con estudios de las endometritis subclínicas en vacas lecheras.

¿Cuál es el objetivo del proyecto?
La idea es obtener un marcador inflamatorio para, en el futuro, decirle al tambero que no ponga la vaca en servicio hasta que se encuentre la cura de esa patología. Dirijo a Luciana en forma conjunta con el médico veterinario Agustín Rinaudo.

¿Qué hace el otro grupo?
Por otra parte, con la médica veterinaria Cora Colla, del hospital de la Facultad, estamos haciendo un proyecto con un subsidio que ganamos de la provincia de Santa Fe con la convocatoria para proyectos de investigación orientada 2017. Estamos haciendo el estudio producto de una observación, la cual era la alta incidencia de anemias infecciosas en gatos. Estas anemias aparecían en un número de hasta el 80% de resultados positivos, producto de una infección de micoplasma. Esta es una bacteria que se pega a las paredes del glóbulo rojo, y que tiene características que la hacen muy difícil de cultivar. Hace que los glóbulos rojos vayan en detrimento y el gato desarrolla problemas típicos de la anemia que pueden desembocar en trastornos renales, etc.

Dijimos, “por qué no buscar algún método de biología molecular que trate de dar un diagnóstico más certero que el que actualmente utilizan”. Lo que se hace normalmente es sacar sangre del gato, hacer un frotis, se colorea y se observan los glóbulos con una especie de cresta o protuberancia que es el micoplasma. Esto es muy subjetivo.

¿Cómo se trata esta anemia?
El problema es el tratamiento que consiste en 30 días de doxorrubicina, el cual es un antibiótico de tercera generación. El gato lo ingiere diariamente, con el problema que eso representa, y el gato defeca y orina el antibiótico lo cual contamina las napas. A esto se suma el costo del tratamiento, que es elevado. Nuestra idea fue tratar de buscar una reacción de PCR con una doble función. Nuestra función también sería capacitar enseñando a la gente del hospital esta nueva metodología que es accesible y que se pueda hacer en el hospital con un equipo que es rutinario para el diagnóstico humano pero que no está muy difundido entre los veterinarios. Por otra parte, desarrollar un test que permita certificar mejor si está o no el gato infectado para poder hacer o no el tratamiento. Los estudios de micoplasma están siendo desarrollados por la licenciada en biotecnología Juliana Osorio.

¿Qué perspectivas futuras tiene este proyecto?
A futuro y con estas bases, la idea es ver de desarrollar algún sistema de reacción en placa para hacer un kit de diagnóstico usando anticuerpos químicos. Por ahora el proyecto llega hasta la posibilidad de ver de hacer ese diseño.

¿Qué se sabe del genoma del micoplasma?
El genoma del micoplasma no está totalmente secuenciado y con el PCR se buscaría detectar una determinada secuencia de este organismo. Lo que hay son fragmentos de genes con variaciones según el origen del micoplasma, ya sea California, Ohio, Japón. En Sudamérica hay variantes en San Pablo y otra de Chile, los cuales son lugares geográficos donde se ha estudiado la población de gatos más que la universalidad de su genoma. En la Argentina no hay ningún estudio desarrollado y por ello elegimos un gen que está bastante conservado en principio, diseñamos una serie de primers para ese sistema y estamos buscando ver las correlaciones y amplificaciones del sistema. El problema que encontramos es que también queremos ver la posibilidad de tener una especie de control positivo molecular, más que el clínico. Con este objetivo nos pusimos en contacto con gente de la universidad de Bristol, más específicamente una investigadora veterinaria que trabaja en medicina de pequeños animales. Se comprometió a enviarnos muestras positivas para que utilicemos en el sistema y darnos cualquier otro tipo de asesoramiento que se necesite. Esto es un derivado del proyecto.

¿En qué etapa se encuentran?
Hasta el momento hemos hecho pruebas preliminares, una vez que llegue el dinero tenemos que empezar a hacer el trabajo. El subsidio cubre un período de un año y medio.

 

*Miembro de la Escuela de Comunicación Estratégica de Rosario y la Red Argentina de Periodismo Científico. Acreditado con la American Association for the Advancement of Science (Science) y la revista Nature.


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