16 de Enero 2019

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31/12/2018

Pasión por la ciencia

“Sin investigación un país no puede avanzar ni ser independiente”, dice Diego de Mendoza, recientemente distinguido como “Investigador de la Nación Argentina” y afirma: “Me dio placer recibir este premio pero me gustaría que mejore el presupuesto en ciencia y tecnología.”


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La distinción Investigador/a de la Nación premia a aquellos científicos y científicas que contribuyeron a lo largo de su carrera a la producción de nuevos conocimientos, a desarrollar innovaciones tecnológicas de impacto social y productivo y a promover la transferencia de conocimiento y la formación de recursos humanos. Esta es la primera vez que le es otorgado a un investigador de Rosario y de la provincia de Santa Fe.

De Mendoza afirma que desarrolló su carrera científica en el país porque pudo estudiar y hacer su tesis doctoral en la Universidad Pública. “A pesar de que era muy difícil dedicarse a la investigación, había muchos profesores que hacían lo imposible para trabajar en Argentina y eso me decidió a quedarme y transmitir esa enseñanza”, explica

“Es importante hacer investigación para que seamos un país independiente. Está probado en los países desarrollados que son los que más invierten en las Universidades y en los institutos y eso hace que se pueda transferir al sector privado y se creen nuevos trabajos”, resalta. A un joven que quiera dedicarse a la ciencia, “le diría que tiene que tener mucha motivación, que la inteligencia es necesaria pero lo es más la pasión y dedicación exclusiva.”

Una vida dedicada a la investigación y la docencia

Ya en cuarto año del secundario en el Colegio Nacional Teodoro Sánchez de Bustamante de la ciudad de San Salvador de Jujuy, De Mendoza se sintió fuertemente atraído por la Química. Las clases de esta materia fueron determinantes para que luego se traslade a estudiar en la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de la Universidad Nacional de Tucumán donde se graduó como Bioquímico en 1973 y cinco años después obtuvo su doctorado trabajando en endocrinología.

“En una materia llamada Química Biológica estudiábamos de un libro  escrito por el científico chileno Hermann Niemeyer.  El capítulo de  metabolismo de los azúcares fue especialmente enigmático cuando me enteré que a Leloir le habían dado el Premio Nobel por sus estudios de la biosíntesis de azucares”, cuenta.

Con su compañero Manuel se preguntaban: ¿cómo habrá hecho Leloir los experimentos para demostrar las etapas metabólicas de síntesis y degradación de azucares descriptas en el libro? Esa incertidumbre es la que lo impulsó a dedicarse a la investigación científica.

Después de recibirse de bioquímico comenzó a trabajar en un momento muy oscuro para Tucumán debido al Operativo Independencia, seguido por la dictadura militar que sufrió el país. Comenta que tuvo un excelente director, el Dr. Ricardo Farías, y que su convencimiento y fortaleza para realizar investigación en condiciones tan adversas permitieron que concluya exitosamente su doctorado.

En 1980 se fue con su esposa Olga a Estados Unidos, adonde hizo un postdoctorado en el Departamento de Microbiología de la Universidad de Illinois en Urbana, en el laboratorio de John Cronan. “Era una persona muy abierta y dejaba que uno vuele solo en el laboratorio. Nunca imponía lo que había que hacer y si veía que las cosas no estaban bien encaminadas, hacía sugerencias pero no daba órdenes”, dice.

Una de las enseñanzas más importantes que recibió en ese laboratorio fue que la libertad para trabajar es esencial para estimular la creatividad. “A este concepto se los transmití a todos los jóvenes que pasaron luego por mi laboratorio”, afirma.

“El ambiente académico de la Universidad de Illinois era muy estimulante, los insumos se obtenían rápidamente, no había limitaciones de equipamiento y la biblioteca era espectacular. Había excelentes científicos, es decir una atmósfera extraordinaria para hacer investigación”, expresa.

Todo esto contrastaba con la escasez de equipamiento y de recursos económicos y humanos del laboratorio de Tucumán. Sin embargo, considera que la formación científica que obtuvo en nuestro país fue excepcional y le permitió realizar un postdoctorado sumamente productivo.

A su regreso al país, en 1983, se reintegró inicialmente al Instituto Superior de Investigaciones Biológicas de la Universidad Nacional de Tucumán, donde estableció inmediatamente un grupo de investigaciones desarrollando nuevas metodologías de ingeniería genética en bacterias.

En la Universidad Nacional de Rosario

En 1985, obtuvo por concurso el cargo de Profesor Titular de Microbiología de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario. Allí fundó el área de Microbiología Básica e inició sus estudios sobre la regulación del metabolismo de lípidos utilizando una bacteria del suelo llamada Bacillus subtilis.

El grupo del investigador Diego de Mendoza realizó contribuciones seminales en el campo de la regulación del metabolismo de lípidos en bacterias, descubriendo nuevos mecanismos de señalización que permiten que las células bacterianas tengan una composición lipídica adecuada para crecer y para defenderse de condiciones ambientales adversas. Estos mecanismos básicos de señalización tienen aplicaciones biotecnológicas y constituyen un blanco potencial para el desarrollo de antibióticos que interfieran con la biosíntesis de lípidos en bacterias patógenas. Por estas contribuciones el grupo  es considerado uno de los líderes mundiales en el campo del metabolismo lipídico bacteriano.

En 1989 fue invitado por Luisa Hirschbein como Profesor a la Universidad de Paris XI, en Francia donde pasó ocho meses y luego viajó varias veces a Estados Unidos donde realizó estadías cortas de investigación. En el periodo 2012-2013 realizó un año sabático en el Instituto Max Planck de Biología Molecular, Celular y Genética en la ciudad de Dresden (Alemania) en el laboratorio de Temo Kurzchalia, un científico al que considera muy creativo y en su laboratorio aprendió a trabajar con un organismo multicelular modelo. Ese instituto posee un equipamiento y una financiación extraordinaria y  “las posibilidades de hacer contribuciones originales solo están limitadas por la imaginación.”

En 1995 creó junto a otros investigadores el Programa Multidisciplinario de Biología Experimental, en el ámbito de la UNR, del cual fue Director y para el cual obtuvo el reconocimiento como Programa del Conicet. Este fue un espacio que promovió el desarrollo y perfeccionamiento de numerosos jóvenes científicos y actuó como catalizador y protagonista de la consolidación de las actividades científicas en la UNR. En 1999 el Programa se disolvió para crear el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR), del cual el Dr. de Mendoza fue Director concursado hasta fines de 2011.

Además dirigió y co-dirigió en su laboratorio más de veinte tesis doctorales (dos de ellas premiadas con el Premio a la mejor tesis “Dr. Enrique Duclaux” de la Asociación Química Argentina y una de ellas con el Premio Luis  Leloir de la FCEN de la UBA). Tuvo a su cargo un nutrido grupo de becarios, pasantes, tesinistas e investigadores asistentes. Muchos de sus tesistas están radicados en el país como investigadores del Conicet, docentes o en el sector privado o se encuentran en etapa de formación post-doctoral.

Varios de ellos son  profesores en Universidades Nacionales y han generado a su vez numerosos discípulos, algunos admitidos en la carrera de Investigador del Conicet, que a su vez están formando recursos humanos en la Argentina. Ha recibido en su laboratorio a becarios de Uruguay, España, Estados Unidos, Republica Checa y Perú. Ha formado discípulos que han transferido tecnología, han realizado patentes o han formado empresas biotecnológicas.

Asimismo, realizó varias patentes relacionados con la producción microbiana de Biodiesel. Es socio fundador de la empresa INMET junto con el Dr. Gustavo Schujman y el grupo Bioceres. Las actividades que se llevan a cabo se basan en el uso de Bacillus subtilis como la plataforma bacteriana utilizada para convertir fuentes de carbón orgánico de bajo costo en compuestos de alto valor para uso comercial, y para la producción de biocombustibles de segunda generación así como de bioplásticos como los PHAs.

Durante todas estas décadas de investigación científica dice que sus mayores logros fueron: realizar investigación original de punta desde la Argentina, formar recursos humanos altamente competitivos y liderar la fundación del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR) integrado por científicos de primer nivel que continuamente guían la formación de jóvenes investigadores. Esto último es sin duda un aporte desde la ciencia a las generaciones futuras.

 


  • Periodistas: Victoria Arrabal

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