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Noticias

23/07/2018

La Deuda Invisible

Un equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadísticas analiza la relación entre la deuda externa de  los países periféricos y   su estructura económica basada en la extracción de materias primas para la exportación.


Tags: deuda externa deuda ecológica neoliberalismo industrialización huella ecológica  



Históricamente  los países latinoamericanos se integraron  al comercio internacional  de una forma subordinada: como productores de materias primas, manufacturas de origen agropecuario y combustibles,  lo que determinó una especialización productiva dependiente y desigual.

 

A partir de la década de 1970,  a nivel mundial se producen cambio en la organización del comercio exterior vinculados a  la globalización financiera,  los procesos de liberalización comercial y de internacionalización productiva bajo el paradigma neoliberal. En este proceso las economías de la región se reconfiguran en favor del capital financiero transnacional y de los capitales ligados al mercado externo.

 

Aín Mora,  forma parte de un equipo de investigación de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadísticas  que analizan las tensiones entre la sustentabilidad económica y la sustentabilidad ambiental.  Mora realizó un trabajo de investigación en el que estudia la relación entre la deuda monetaria que la Argentina mantiene con organismos internacionales, y la deuda ecológica de la cual es acreedora. “La Deuda Ecológica es la deuda contraída por los países centrales con los países periféricos  a través de la pérdida de los recursos naturales por su venta subvaluada, es decir, en el intercambio ecológicamente desigual”.

 

La deuda ecológica se mide a través de ciertos valores biofísicos, por ejemplo cantidad de agua o nutrientes de la tierra que lleva la producción de materias primas y que no están incluidos en el precio. Ese  capital natural que se pierde es la huella ecológica o hídrica  que deja ese proceso de producción. “Una forma de medir esa diferencia entre el valor internacional de las materias primas y su impacto en el medio ambiente, es comparar cuánto representa ese producto en el PBI, y cuanto en la huella ecológica. Si las cifras son similares no se estaría incrementando  la deuda ecológica, si por el contrario, la balanza comercial  representa un 5% del PBI y la huella ecológica un 40%, hay un alto porcentaje de pérdida de capital natural, de deuda ecológica” explica el docente, quien destaca “La deuda monetaria es la que sale en los diarios, la conocemos todos, mientras que la deuda ecológica, de la que somos acreedores, está completamente invisibilizada”

 

Aín Mora remarca que los modelos económicos que ponen el eje en las finanzas refuerzan el desequilibrio ecológico, y que los reclamos que por un lado hacen los ambientalistas y por el otro los economistas heterodoxos están vinculados.

 

El investigador  considera que la adquisición de deuda en el marco de un modelo de valoración financiera aumenta la relación de dependencia de los países periféricos con los mercados centrales, “ya que la obligación de pagar la deuda y sus intereses monetarios, impone a los Estados conseguir un excedente monetario que, en gran parte, proviene del proceso de reprimarización económica y de un intercambio ecológicamente desigual (aún con precios internacionales históricamente altos”  

 

Para el docente, el modelo financiero viene acompañado de fuga de capitales que empuja  la pendiente creciente de la deuda. Tiene el eje en la especulación y en la explotación de la naturaleza. Sobre este último punto Mora aclara, que  si bien durante un tiempo la necesidad de dólares  puede cubrirse a través de más deuda o de la captación de capitales externos especulativos, ambas medidas son de corto plazo, y que el recurso que queda para lograr los fondos  necesarios para el pago de la deuda es la explotación de los recursos naturales.

 

Los capitales externos son tentados a invertir en el país con altas tasas de interés, se trata de capitales especulativos y no productivos. Ya que las tasas elevadas le garantizan ganancias en lo que se llama “bicicleta financiera” sin necesidad de invertir en mano de obra o infraestructura. De esta manera ingresan dólares pero también se fugan cuando estos capitales consideran que las condiciones no son tan ventajosas. “Como en nuestro país nunca se grabó la renta financiera, al país no le queda nada de ganancias” remarca Mora. Mientras que el pago de la deuda externa a través de tomar más deuda lleva a crisis similares a la de 2001.

 

Este modelo lleva a la reprimarización de la economía, se produce lo que los mercados internacionales requieren “para lo que el país es más eficiente, la producción más rentable y con una legislación más permisiva”   

 

Aín Mora explica que en nuestro país  el modelo de valorización financiera comienza a aplicarse en el país desde 1976 y se extiende hasta  la crisis de 2001. Este proceso se caracteriza por poner al mercado  financiero como eje de acumulación por encima del productivo. A partir de ese momento se desarticula por completo el aparato industrializador, salvo un intento poco exitoso  de cambiar esta tendencia durante la restauración democrática,  y a la vez aumenta la deuda en dólares y la exportación de recursos naturales.

 

Mora  resalta,  que según los datos que investigaron,  en los  modelos de industrialización previos al 76 de lo que hay datos, la huella ecológica más o menos coincidía con los valores monetarios, e  incluso entre los años el 2007 al 2015, hay una leve baja de la huella ecológica,   por lo que están comprobando que los modelos de industrialización reducen aunque sea parcialmente  la dependencia de la subvaluación de los recursos naturales, además que permite ampliar y valorizar la oferta que hace el país a los mercados exteriores.  

 

Para el investigador sería  posible lograr precios más justos en las materias primas, si las negociaciones se hicieran  de manera regional,  en conjunto con otros países que se encuentran en la misma situación. América Latina es poseedora de un alto porcentaje de recursos naturales que se utilizan en el mundo, tanto en alimentos, como en insumos para el desarrollo tecnológico (a través de la minería), así como en combustibles y energía. Para Aín Mora esa sería la salida para lograr mejores acuerdos pero  no cree que esté dada la coyuntura “actualmente  los países tienen políticas muy diferentes que hacen que sea muy difícil crear un acuerdo. Argentina y Bolivia por ejemplo: Bolivia está enfrentada contra los organismos internacionales y Argentina los llama a negociar”

 

El docente considera necesario poner en cuestionamiento el motivo por el cual  se toma deuda externa, en el modelo financiero la deuda se usa para costear  la fuga de capitales y se utiliza al  déficit fiscal como la excusa para endeudarse. “Para un Estado tener déficit significa gastar más de lo que ingresa,  para cubrir esa diferencia  no hace falta tomar deuda en dólares, sobre todo cuando el déficit fiscal es en pesos. El Estado nacional tiene recursos financieros propios que le permiten resolver ese desbalance, puede impulsar una reforma tributaria o emitir más billetes.  No es cierto que la administración de un país sea  igual que la de una familia o una empresa. El Estado no se funde. La excusa del déficit fiscal es clave en el neoliberalismo como estrategia para reducir gastos y endeudarse”.

 

La investigación  recalca que cuando un gobierno pide dinero  al exterior condiciona a los gobernantes que lo sucedan, no importa su color político o ideología, porque quedan comprometidos a conseguir la moneda extranjera  que les permita pagar lo que se debe: “La deuda es un mecanismo disciplinador de los organismos internacionales, es pérdida de soberanía y condicionamiento a futuro, implica que el país  va a tener que explotar sus  recursos naturales para poder pagar la deuda y en las condiciones que les imponen los mercados. Por el contrario cuando se empieza a industrializar la huella ecológica se va reduciendo, eso demuestra que la huella ecológica se puede reducir”  


El trabajo forma parte del  proyecto de investigación "Economía, ambiente y sociedad. Tensiones entre sustentabilidad económica y sustentabilidad ambiental", de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadísticas, y está integrado por los   los miembros del Grupo de Estudios de Economía, Ambiente y Sociedad: Javier Ganem, Guillermo Peinado, Paula Piccolo, Flor Guisen, Aín Mora y el  estudiante Bruno Ferrari.

 


  • Periodistas: Ileana Carrizo
  • Fotógrafos: Camila Casero