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Noticias

04/06/2018

En Latinoamérica la realidad siempre supera a la ficción

Arnau Gifreu Castells, especialista en el análisis de contenidos de no ficción, realizó un recorrido por la historia de este género y explicó por que nuestro continente es pionero en su producción. 


Tags: Estudiantes Investigacion  



Latinoamérica es un creador incansable de producciones de ficción y no ficción que se destacan tanto en el plano local como internacional. Estos dos géneros se fueron desarrollando y transformando a través del tiempo, logrando establecer maneras particulares de abordar distintas temáticas. Arnau Gifreu Castells, especialista de la no ficción transmedia, disertó en el 10º Foro de Periodismo Digital que se llevó a cabo en la Universidad Nacional de Rosario, sobre la importancia de su producción en nuestro continente.

Profesor, investigador y realizador en el ámbito del audiovisual y el multimedia, es Doctor en Comunicación y Master en Artes Digitales por la Universidad Pompeu Fabra e investigador afiliado del Open Documentary Lab del MIT (Massachusetts Institute of Technology). Además, es autor de artículos y de libros que se ocupan de describir la importancia de la producción interactiva transmedia en nuestro panorama de comunicación actual.

“En principio el cine, en 1895, comenzó siendo una especie de híbrido entre periodismo y documental, que podríamos llamar de no ficción. Es decir, se documentaba un aspecto concreto de la realidad. En 1902 aparece la película “Viaje a la luna” dirigida por Georges Méliès y entra en juego el otro gran bloque: la ficción, algo que se construye desde cero. Es decir, la no ficción representa la realidad de un hecho y la ficción se forja sobre algo que podría haber sido existente pero básicamente es ficcionado y construido. Igualmente, con el surgimiento de la última, la no ficción pierde su rol principal y en algunos casos hasta se vuelve marginal de la ficción”, introdujo Arnau.

Estos dos géneros tuvieron etapas de diferenciación definidas principalmente por el canal de comunicación que se utilizaba para su desarrollo, como por ejemplo la no ficción que primero viró más a lo audiovisual, con la idea de separarse de la literatura. Con la revolución digital en los 90, llega el momento en que las computadoras e internet transforman todo el panorama y nace la “no ficción interactiva”, que se compone de varios elementos como documentales, el periodismo, museos digitales, la educación, los ensayos, etc.

En el audiovisual tradicional se pensaba al espectador como un sujeto pasivo que se limitaba al consumo del material, mientras que luego de la revolución digital se piensa al usuario en un papel activo dentro de la generación del contenido. En la actualidad surge un tercer rol que puede ocupar ese sujeto, que se caracteriza en no conformarse con consumir la historia o formar parte de su construcción, sino que quiere ser el centro de la misma. “Es un concepto muy importante, porque este sujeto busca que con las redes y el sistema nos creen nuestra propia historia. Parece que lo que más vende hoy es la realidad virtual, y se está apostando mucho a producir para ese tipo de soporte”, apreció el investigador.
Desde el punto de vista de la producción, el relato transmedia requiere crear contenido que vincule al público utilizando diferentes técnicas para impregnar su vida diaria. Para lograr esa relación, una producción transmedia desarrollará historias a través de diferentes formatos mediáticos para liberar piezas únicas de contenido para cada canal. Es fundamental que estas piezas de contenido estén abierta o sutilmente ligadas entre sí, y que exista una sincronía narrativa entre ellas.

Para que el contenido funcione, el usuario debe recorrer las distintas plataformas, invirtiendo tiempo y esfuerzo, y así lograr una experiencia más significativa. Henry Jenkins, uno de los principales referentes de esta corriente, calificó a la narración transmediática como una nueva estética que surgió como consecuencia de la convergencia de los medios. Para el autor el término convergencia refiere a la relación de contenido a través de múltiples plataformas mediáticas, con la intención de crear el recorrido que se espera que la audiencia realice por parte de las distintas plataformas.

“Actualmente estamos en el periodo de la no ficción interactiva y transmedia, que significa que estos discursos o formas de expresión narrativa se entremezclan, en el sentido que no tenemos un documental puro, un reportaje o un especial multimedia sin relación alguna entre ellos, sino que conviven, se comunican y hablan. Estamos ante una nueva serie de géneros y formatos que vienen a realizar un producto más accesible y que aprovecha mejor las potencialidades de cada uno de los recursos”, definió el especialista.

En el género de la no ficción se trata de contar una parte del mundo en el que vivimos. No hay elementos fantásticos ni alteraciones, sino que se busca comunicar la realidad desde un punto de vista determinado. Es un terreno que el propio prefijo “no” le da una potencia de experimentación y de expansión muy grande. “Es muy interesante porque en la ficción están definidos los roles, en el set no existe esa posibilidad de transformar cosas y la mecánica está mucho más pautada. En cambio, la no ficción es mucho más abierta y es un terreno más flexible para experimentar y buscar nuevos lenguajes”, aclaró Arnau.

La no ficción actual, destinada a la investigación, se está basando en televisión conectada, cine, realidad virtual y hasta parece haber una fórmula. Es decir, a los financiadores tradicionales de no ficción, el documental interactivo no les interesa mucho porque es un formato complicado y no pueden medir cuál es la audiencia y cómo se financia, entre otras cuestiones. “La fórmula que parece que está coexistiendo es de un formato largo tradicional y lineal, como por ejemplo un documental, con uno corto que tiene un tinte de innovación, y en el medio de eso un formato donde se encuentran los jóvenes que contiene micro clips, series web, lógica de YouTube, etc. Estos formatos son los que mejor se financian y funcionan”, expuso Gifreu Castells.

Jesús Martín Barbero, teórico de la comunicación y los medios de origen español pero colombiano por adopción, afirma que Latinoamérica es un laboratorio permanente de identidades. Las producciones transmedia de no ficción se ganaron un lugar en el mundo ya que lograron visibilizar problemáticas que estaban ocultas o eran desconocidas por parte de la población. La búsqueda de generar una conciencia y un cambio social, son algunas de las características propias de las producciones de nuestro continente. “Creo que en Latinoamérica la no ficción tiene un peso muy grande, porque es un espacio que sufrió muchas igualdades e injusticias a lo largo de la historia, y eso da una conciencia social para explicar básicamente lo que está pasando, en clave de ficción como también de no ficción. Es un lugar en el mundo que vivió mucho la confusión, como expresó en su momento Barbero, la (con) fusión de ficción y vida. Yo creo que ese concepto define muy bien las potencialidades, no es que sea una fusión, pero a veces se confunden”, reflexionó el investigador.

Argentina, Colombia y Chile son actores “prometedores” en el campo de la no ficción interactiva y transmedia. Con una extensa cultura para narrar y comunicar, se construyó una industria y un mercado que respaldan este liderazgo dentro del género. “Latinoamérica tiene la particularidad de que es un lugar con una historia muy rica que se cuenta a través de la mezcla de ficción, construcción y realidad. Una vez le pregunté a Carlos Scolari, referente teórico necesario del campo transmedia, por qué este era un lugar donde se producía tanta no ficción, y me contestó que Hollywood tiene como pilar la ficción y es muy difícil competir contra ellos. Es por eso que se desarrollan tantos productos en el campo de la no ficción en Latinoamérica, ya que tiene mucho para decir y visibilizar”, concluyó.

 

 

Fotografo: Ramiro Ortega.


  • Periodistas: Gonzalo J. García