17 de Diciembre 2018

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24/05/2013

El 25 de mayo después del bicentenario

La historiadora Marcela Ternavesio reflexiona sobre las gestas revolucionarias en Argentina y Latinoamérica.


 



 

Marcela Ternavasio (*)
 
 
Este nuevo aniversario de la revolución de mayo invita a reflexionar sobre el significado de los recientes festejos bicentenarios. Tales festejos, como venimos observando, no han concluido por cuanto cada año encuentra una ocasión para celebraciones y feriados de excepción. El 2016 nos encontrará nuevamente conmemorando la declaración de nuestra independencia y posiblemente el arco de efemérides bicentenarias se continúen incluso más allá de esta futura y cercana fecha.
 
 
Esta multiplicidad de fechas emblemáticas que nos recuerdan las gestas revolucionarias e independentistas de hace dos siglos no es patrimonio de la Argentina. En el resto de los países hispanoamericanos ocurre algo parecido. Venezuela festejó en el 2010 la formación de su primer gobierno autónomo y en 2011 la declaración de su independencia. México celebró en 2010 su primera insurgencia y en el 2021 se encargará de recordar la independencia. Bolivia comenzó sus conmemoraciones en 2009 en honor a las dos juntas formadas en Chuquisaca y La Paz y será recién en 2025 cuando pueda festejar la independencia de este nuevo país que tomó el nombre del libertador Simón Bolívar. La lista podría seguir con otros ejemplos como el de Colombia, en cuyo territorio hay tantas fechas de formación de juntas y declaraciones de independencias como ciudades rebeladas ante las autoridades de la metrópoli hubo en su jurisdicción. 
 
 
En fin, la enumeración tiene por objeto reflexionar sobre un dato obvio pero que aún continúa en un manto de sombras para el sentido común de la gente. ¿Por qué nuestros países tienen más de una fecha patria emblemática? ¿Por qué a diferencia de los Estados Unidos de Norteamérica, que posee una sola fecha celebratoria que se corresponde con la declaración de su independencia, nosotros tenemos dos y otros países hispanos más aún? ¿Por qué a nuestros maestros de primaria les cuesta tanto responder a la frecuente pregunta de sus alumnos acerca de las diferencias entre el 25 de mayo de 1810 y el 9 de julio de 1816? La respuesta a este último interrogante es mucho menos sencilla de lo que parece y obliga a pensar en los dos anteriores desde perspectivas que contradicen la versión “patriótica”  más difundida desde la segunda mitad del siglo XIX. 
 
 
Dicha versión, que creó el mito de los orígenes de la Nación Argentina en la gesta revolucionaria y que hizo de 1810 el punto de partida de nuestro espíritu independentista, estuvo destinada, como sabemos, a acompañar y consolidar el proceso de formación del Estado-nación. Todos los países hispanoamericanos asistieron a la misma “operación historiográfica” que sentó las bases culturales e ideológicas del origen de las naciones a comienzos del siglo XIX y que hizo de las independencias el punto de partida de las respectivas “patrias” y no lo que realmente fueron: el punto de llegada de un tortuoso camino surcado por muy diversas alternativas. 
 
 
De hecho, la opción de la independencia era absolutamente minoritaria en el Río de la Plata en mayo de 1810. Recodar este dato no significa restarle “contenido revolucionario” a la revolución ni quitarle el papel fundamental que ocupa en nuestra agenda de celebraciones. Por el contrario, implica inscribir esta fecha en un contexto de inteligibilidad que haga posible, entre otras cosas, que la respuesta de los maestros frente a la pregunta antes citada pueda fluir sin tanta duda ni enredos explicativos. Pero cabe destacar que si no fluye rápidamente es porque aquel mito fundacional sigue en gran parte incólume entre la mayor parte de la ciudadanía. Por cierto que los sucesivos gobiernos, de muy diverso signo partidario e ideológico, se han encargado de reforzar ese mito hasta la actualidad. Por tal razón es una tarea pendiente someter a debate público aquellos mitos a partir de una renovada historiografía que, es oportuno recordar, se produce en el seno de nuestras universidades y organismos de investigación públicos.
 
 
 
 
(*) Doctora en Historia, investigadora del CONICET y del CIUNR. Profesora Titular de Historia Argentina 1 en la Facultad de Humanidades y Artes de esta Universidad.

  • Periodistas: Victoria Arrabal