18 de Julio 2019

Noticias

13/06/2010

Cuentos pulgares: un vínculo entre las tecnologías móviles y la creación artística.

“Apuntamos a proponer las nuevas tecnologías como generadoras de sentido a partir de la valorización de la literatura híper breve”, relata Augusto Jacquier.


 



Mientras el Ministerio de Educación de Santa Fe prohíbe el uso de celulares en las escuelas, un grupo de jóvenes desarrolla con Cuentos pulgares una producción creativa literaria a partir del uso de las nuevas tecnologías móviles.


“En el cuento breve tenés que condensar muchísimas cosas en muy pocas palabras y, además, en muy poco espacio en el caso de los Cuentos Pulgares”, explica Augusto Jacquier uno de los creadores y promotores de esta particular forma de hacer arte. “Uno de los cuentos más maravillosos de Hemingway tiene seis palabras.  En esas seis palabras está todo, están los personajes, está el conflicto, está la resolución”, afirma el creador de Cuentos pulgares.


Empezaron hace 4 años. Con la unión de la literatura y la telefonía móvil formaron una comunidad creativa en movimiento.  “La literatura híperbreve no es fácil, y cuanto más breve, más complejo y difícil es armar una pieza de calidad”, sostiene Augusto.


La creación artística demanda una serie de personajes, unas situaciones, un universo e indicios. Y depende del “bagaje cultural para que el lector lo entienda y lo complete”, dice Augusto y lo ejemplifica con la breve obra literaria del “pulgarista Facundo, que  en dos líneas mete el infierno del Dante y la traición de Judas. Si no sabés eso, el cuento te lo perdés. Pero cuando vos tenés esos datos el cuento se resignifica inmensamente y esas  30 palabras adquieren el peso de 500”.


Esta modalidad artística requiere una participación activa y muy informada del lector. De esa manera pocas palabras disparan muchísimas imágenes.


Los cuentos pulgares nacieron en una sala de espera en el Distrito Centro de la Municipalidad de Rosario. “Mientras esperaba que me dieran turno para sacarme el carnet de conducir, una amiga me mandó unos haikus. Y mientras estaba ahí surgió algo que se me ocurrió de manera narrativa,  y escribí un cuento de 160 caracteres, que es el límite de cualquier mensaje estándar de un teléfono celular".


Raúl Brasca es un escritor y estudioso de este microgénero de la literatura. Cuando Augusto Jacquier leyó Dos veces bueno, una antología de literatura híperbreve descubrió un universo inagotable de sentidos. “Me puse a escribir cuentos breves y  se sumó Sabrina Daulerio y Facundo Becerra, y elaboramos un reglamento”, recuerda Augusto.  Esta historia se cerró recientemente cuando Raúl Brasca los incluyó en su último libro de antologías.

 

Las reglas


La literatura hiperbreve tiene larga data. Junto a Daulerio y a Becerra tomaron lo mejor de esta tradición y la aplicaron a un contexto de tecnologías móviles.


Elaboraron cinco reglas. Augusto las repasa rápidamente: “El texto no tiene que exceder los 160 caracteres de extensión. No se admite abreviaciones tipo chat. No se responde con críticas sino con un nuevo cuento. Los cuentos pulgares sólo se construyen con teléfonos móviles, y se envía al momento de su finalización”.


Consultado por este cronista por la negación de usar abreviaturas, tan comunes en el uso del chat o messenger, Augusto responde: “Acá está la conexión con la literatura, es importante para considerarla como tal. Escribir un cuento con signo más (+), ó escribir dónde con dnd, es como hacer trampa. El límite es de 160 caracteres. Si no alcanza hay que buscar sinónimos”.


Muchas veces subestiman o sub aprovechan las nuevas tecnologías. Por lo menos así lo entiende Jacquier: “El celular potencialmente es una herramienta genial. Te da la posibilidad de tener una idea y desarrollarla donde sea, en una parada de colectivo, en una sala de espera, en un consultorio, mientras estás caminando…”

 

Mientras la escuela prohíbe y sanciona


El teórico británico y especialista en educación Ken Robinson critica a las instituciones educativas cuando impera una política basada en la prohibición, y en la sanción del error. En su conferencia ¿Las escuelas matan la creatividad?, sostiene que en las escuelas donde siguen esos pasos, la capacidad creativa de los niños es amputada.


Hace unos años que el Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe prohibió el uso de celular en las escuelas.  El teórico Marcelo Milrad,  con excelente humor crítico, sostuvo que en la historia de la educación estuvieron prohibidos tres objetos: la birome, la calculadora y el celular. Y vaticinó que el celular será parte integral de la escuela porque no se puede ignorar el nuevo contexto de aprendizaje.


“El desafío es generar algo con lo que se tiene”, afirma Jacquier.  “A partir de las nuevas tecnologías, como el teléfono celular, se generan nuevas prácticas que tienen una potencialidad infinita”. 


Ante la pregunta del cronista sobre prácticas escolares que recomendaría, Augusto entusiasmado cuenta: “si vos sos una maestra de Lengua y decís traigan sus celulares y pongámonos a escribir, vas a generar una adhesión genial. Hay montones de variantes que se podrían hacer. Por ejemplo, escribir micro-relatos por capítulo, o desarrollar una escritura colectiva, como los ejercicios literarios del cadáver exquisito”.

 

Está todo por usar, está todo por hacerse


“Lo interesante del formato es que al ser fragmentario es muy aplicable a cualquier medio”, afirma Augusto, y enumera: “Podés hacer cortos pulgares, videos minutos con estos cuentos. Inclusive se sumaron algunos que dibujaban con caracteres en los mensajes de textos”.


“La utopía es yo mando un texto y esas personas se le reenvían a muchas otras, pero no porque yo se lo pido sino porque el texto está bueno y genera esas ganas de querer compartirlo”. 


“Está todo ahí, está todo por usar, está todo por hacerse”, concluyó Augusto.
 


  • Periodistas: