17 de Noviembre 2018

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30/11/2009

Homenaje a Sara Weinschelbaum - Jairala

Homenaje a Sara Weinschelbaum - Jairala


 



Homenaje a Sara Weinschelbaum - Jairala

El Consejo de Investigaciones de la UNR rinde homenaje a quien fuera su presidenta, a un mes de su fallecimiento.

 EL ORÁCULO DE DELFOS, por Alberto Enrique D’Ottavio, Investigador CIC-UNR por la Facultad de Ciencias Médicas.

 A la Profesora Doctora Sara Weinschelbaum-Jairala

      Antes que referirme al recinto griego consagrado a Apolo donde las pitonisas interpretaban y brindaban ambiguas respuestas a sus expectantes consultores, corresponde que aclare que bauticé así a una habitación lindante con el área Fisiológica de las Facultad de Ciencias Médicas donde trabajaba una inolvidable amiga, desaparecida sólo físicamente en estos días: la Dra. Sara Weinschelbaum-Jairala; sencillamente Chaita.

Todas las tardes investigadores de distintas disciplinas acudían a conversar con ella, que los aguardaba estudiando. Y lo hacía, siendo ya octogenaria, por afición y necesidad de actualización continua, como lo hubiera hecho alguien en formación.

En esa sala, y café mediante que gustaba preparar, evacuaba dudas, daba consejos y acompañaba éxitos y fracasos de sus visitantes.

La conocí, siendo alumno, como profesora de Física Biológica; luego, los avatares argentinos nos arrojaron extramuros durante la dictadura militar junto a otros muchos, y desde nuestro regreso hasta su retiro definitivo fui uno de los que solía frecuentar el cariñosamente denominado oráculo.

Fue una mujer de avanzada en épocas en que había sexos y no se hablaba de géneros. Ella los honró a ambos con su idoneidad, su compromiso con la ciencia y la docencia y con su tenacidad a toda prueba en tiempos de bonanza y de adversidad. Quien de algo alardea, adolece de ello, reza un viejo aforismo. Contrariando a otras que lo hacen injustificada y paradojalmente, ella no hizo gala de ellos ni de otras situaciones que pudieron obstaculizar su destacada carrera.

Quizás la Universidad, a la que dedicó su vida ocupando distintos cargos de gestión institucional vinculados con el quehacer científico-tecnológico (Secretaria de Ciencia y Técnica de la Facultad, Secretaria de Ciencia y Tecnología de la UNR, Presidente del CIUNR en varios períodos), que llegó a honrarla, no fue lo suficientemente cumplida para con ella. No lo fue a todas luces la ciudad de Rosario.

 Excediendo estos humanos avatares, su recuerdo perdurará en quienes la conocimos, la quisimos y la valoramos, no como una pitonisa sino como una consejera amiga de aguda sapiencia y de recto proceder, que amaba profundamente a su hijo médico, a su nuera y a sus nietos.

Cuando transitemos por el pasillo que lleva a dependencias de la precitada área Fisiológica y pasemos junto al “oráculo de Delfos”, ella continuará presente en nuestro recuerdo hasta que haya desaparecido el último que la conoció. Y aún así, perdurará como parte de la historia de nuestra institución. Porque esas personas no mueren jamás, renacen con el paso de los años.

Entonces, alguien hurgando en el pasado dirá o escribirá: hubo en esta Facultad una mujer que, desde una sencilla habitación, cultivó la ciencia con pericia en tiempos críticos y auxilió, a la vez, a propios y extraños.

Es que, a pesar de parecer un contrasentido, hubo una vez en Rosario un  oráculo de Delfos.

 


  • Por Marianela Barrionuevo