Rosario, 19/11/2017 | 05:34
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Matías Vidondo: “Soy un boxeador igual al resto”


Es el campeón argentino de los pesos pesados. Le faltan pocas materias para recibirse de médico y va a combatir por el título mundial.

Estando a pocos finales de recibirse de médico, combatirá por un título mundial.

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Una nota sobre boxeo pareciera no corresponder con este sitio. Sin embargo, si el deportista en cuestión es alumno de nuestra universidad, la cosa cambia.

 

Es que el campeón argentino de los pesos pesado Matías “El Matador” Vidondo, que el próximo 17 de octubre combatirá en el Madison Square Garden de Nueva York, es alumno de la Facultad de Medicina de la UNR. Y no es un combate cualquiera. Enfrentará al cubano Luis Ortiz, número 8 del ranking para dirimir quién ostentará el título interino de los pesos completos de la Asociación Mundial de Boxeo, entidad en la que el campeón regular es el uzbeko Ruslan Chagaev y el supercampeón es el veterano Wladimir Klitschko, que reina también en la Organización y Federación (OMB y FIB).

 

Vidondo de de 38 años, nacido en Neuquén, tiene un récord de 20 combates ganados, 19 por nocaut, un empate y una derrota. Recientemente, la AMB lo ubicó como número 15 del mundo.

 

Comenzó a boxear a los 20 años cuando se radicó en Rosario para estudiar medicina en nuestra universidad, carrera que está a punto de finalizar, cuando el deporte le permita rendir los finales que tiene pendiente.

 

Mientras se prepara técnica y físicamente en el Club Carriego de la zona oeste de nuestra ciudad, accedió a una entrevista antes de viajar a Estados Unidos.

 

¿Por qué el boxeo es el deporte que elegiste, siendo, tal vez, un deporte poco habitual en los sectores universitarios?

 

Porque es una pasión. Porque desde muy chico admiré a aquellos que eran estilistas dentro del boxeo, a los que tiraban una mano y esquivaban las contrarias. No sólo es pegar. Siempre admiré la habilidad del boxeador. Siempre fui muy competitivo. Tal vez por eso me interesó. A veces las pasiones no se pueden explicar. Es algo que me hace sentir vivo. Creo que ahí está la respuesta.

 

Alguna vez manifestaste que te molestaba que la gente se sorprenda de un universitario que sea boxeador y no le sucede lo mismo si practica rugby. ¿Hay sobre el boxeo y quienes lo practican un prejuicio social? ¿Es un deporte propio de los sectores más humildes de la sociedad?

 

Claro que sí, hay una cuota de prejuicio. Aunque también hay algo de realidad en eso. El ambiente del boxeo es un ambiente muy duro. Primero que el entrenamiento es muy sacrificado: no es para cualquiera. Para ser boxeador te tenés que enamorar del sacrificio. Y la realidad es un poco esa. Los deportes de contacto grupales se hacen un poco más llevaderos porque siempre tenés el apoyo de un equipo. Pero en el boxeo estás solo. Tenés que sufrir a la mañana cuando entrenás, a la tarde cuando volvés a entrenar… En mi caso –ahora que estoy entrenando triple turno- a la noche cuando entrenás nuevamente. Y llegás a tu casa y estás solo y te tenés cocinar y te duele hasta el alma por el entrenamiento, pero al mismo tiempo te sentís feliz. Es muy extraña esa situación, pero es así.  Y al otro día lo mismo. Es un deporte que no es para cualquiera.
Está el preconcepto que es un deporte “marginal” o de “marginales”. Pero no creo que sea así. La realidad es que yo vengo de una familia bien constituida y aún así soy boxeador y me siento boxeador. Creo que nunca voy a dejar de serlo. No existen lo ex-boxeadores. Somos boxeadores. El que es boxeador piensa y siente como un boxeador toda la vida.

 

Naciste en Neuquén. ¿Cómo llegaste a radicarte en nuestra ciudad?

 

Vine a Rosario a estudiar. Había tenido dos intentos fallidos por ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de La Plata, que tenía un ingreso –a mi juicio- muy ilógico. Tenía que rendir Matemática, Física y Química, que era lo que a mí no me gustaba. Yo quería ser médico, no ingeniero, ni matemático. Me tomaban cosas que nunca había visto, ni siquiera en la secundaria. Me fue mal en La Plata. En esa época mi mamá averiguó que en Rosario no había examen de ingreso sino uno nivelatorio y que después era muy difícil el primer año de la cursada. Así es que me anoté y vine a Rosario a cumplir mi sueño de ser médico. Siempre estuve ligado al deporte, pero nunca se me ocurrió estudiar el profesorado de Educación Física, yo quería ser médico. Creo que esa vocación estaba muy definida. Es extraño lo que te voy a decir pero siempre mi vocación fue salvar una vida. Y la realidad no es que me subo al ring a quitar una vida, subo a ganar. Y ganar es bueno. Es ganarle al rival por golpes, por técnica, por lo que fuere. No subo a matar a otro boxeador. Mi vocación, mi sueño fue siempre salvar una vida.

 

En algún momento te habrán planteado lo paradójico que puede resultar ser médico -y tu vocación por salvar vidas- y lo peligroso que puede llegar para la integridad física un deporte como el boxeo, que algunos no llegan a considerarlo deporte…

 

Son los que después van a ver polo, que es un deporte donde se corre riesgos por hacerlo montado a caballo. Soy muy respetuoso de todo, pero exijo el mismo respeto. vos me viste entrenar recién. Si el boxeo no es un deporte, qué es entonces. Observá cualquier deporte. Fijate lo que nos sacrificamos y lo que sufrimos los boxeadores. Es un deporte como cualquier otro.

 

Siempre lo comparo con el rugby porque tengo mucho respeto por ese deporte, porque es duro y sacrificado. Allí no aparecen esos conceptos como en el boxeo: el boxeo resulta no ser un deporte porque se golpean, pero el rugby sí resulta serlo, aunque todos sabemos que se golpean.

 

Pareciera que importa más quiénes practican el deporte que cómo es el deporte en sí…

 

Ese un punto importante. Muchas veces la gente relaciona el deporte a la persona que lo practica. Y nada tiene que ver. Ya lo dijo Maradona alguna vez: La pelota no se mancha. Esto es lo mismo. Una cosa es el boxeo y otra la persona o el personaje que está detrás.

 

El 17 de octubre vas a pelear en el Madison Square Garden de New York, un mítico estadio para el boxeo, donde pocos argentinos -Bonavena, Monzón, Galíndez, Baldomir y Martínez- llegaron a combatir. ¿Qué se siente al prepararse para pisar esa lona?

 

No lo puedo explicar. Sólo sé que siento una gran alegría. Me siento gratificado, estoy agradecido por esta oportunidad y feliz. Todo este sacrificio que estoy haciendo al entrenar, lo vale. Porque termino de entrenar y voy a dar clases, que es mi trabajo redituable. No dejé de trabajar para entrenar. Aún así lo estoy haciendo a gusto. Me acuesto feliz, me despierto feliz con un objetivo, con una motivación superlativa. Nunca sentí lo que estoy sintiendo en este momento. Espero que en el momento de estar en ese lugar majestuoso no me traicionen los nervios. Voy muy tranquilo. No tengo la presión. Creo que la presión la tiene el rival, que es el favorito. Voy feliz a boxear, con mi equipo de siempre. Tengo la posibilidad de llevar a mis padres, que no conocen Estados Unidos, igual que yo. La verdad, voy muy feliz, estoy muy confiado y sé cómo sale la pelea.

 

Hablaste en algún momento de algunas diferencias de tus orígenes con los del común de los boxeadores. ¿Esto influye al momento de elegir la gente que te acompaña? ¿Son distintos los “amigos del campeón”?

 

No me lo he puesto a pensar. Cuando me hablan de mi procedencia, me acuerdo de Nelson Mandela, que dijo: “El boxeo es el deporte más igualitario que existe”, arriba del ring no hay negro ni blancos; no hay hombres, ni mujeres, ni gays; no hay lindos, ni feos; no hay gordos, ni flacos. Hay dos guantes contra dos guantes y somos todos iguales.
Trato siempre de resaltar esta característica del deporte. Sé que mi historia es particular, pero soy un boxeador igual al resto.

 

¿Tu futuro como boxeador depende del resultado de la pelea por el título interino de los pesados de la AMB con el cubano Luis Ortiz?

 

No sé qué va a suceder con esta pelea. Sigo siendo el campeón argentino y tengo ganas de defender mi título. No le pongo plazo a mi carrera como boxeador. En algún momento el cuerpo me lo va a indicar. Soy una persona sensata en ese sentido, cuando el cuerpo diga basta, será basta. Y cuando se termine el turno del deporte, comenzará nuevamente el turno de la medicina para terminar las materias que me quedan para recibirme.

 

¿Cuántas son las materias que quedan rendir para ser médico?

 

Nunca lo sabrás (risas). Algunas… Pueden ser muchas si no estudio o muy pocas, si me lo propongo y estudio lo que corresponde.

 

De ganar el título interino, ¿vas a ir por el campeonato regular de la AMB?

 

Ni lo pienso. Estoy pensando sólo en el rival. Es un boxeador que va a subir a fajarme, a ganarme. Y yo tengo que subir a lo mismo. El título para mí es secundario, el lugar es secundario. Pueden pensar que estoy loco, pero el contexto es desbordante. Si empiezo a pensar donde voy a estar, me va a “comer la cabeza”. Por eso en lo único en que estoy enfocado es en el rival. Sé que es un cubano con mucha experiencia, un récord profesional similar al mío, alto como yo y zurdo. Aparte de eso, lo demás no me mueve.



  • Publicado: 2015-10-05
  • Periodistas: Marcelo Colman
  • Fotógrafos: Marcelo Colman
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  • Categoria: Sociedad