Rosario, 19/09/2017 | 03:45
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Radiografía de una intervención


Investigadores de la Cátedra de Criminología analizan el desembarco de las fuerzas de seguridad federales en Rosario y su impacto en dos barrios de la zona sur de la ciudad. 

El desembarco generó percepciones y reacciones heterogéneas en las barriadas rosarinas.

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“Desembarco verde. La "intervención" federal en Rosario, contexto político e impacto en dos barrios” es el título del trabajo de investigación que llevaron adelante cuatro integrantes de la Cátedra de Criminología y Control Social de la Facultad de Derecho (UNR).

 

A casi seis meses del arribo de las fuerzas nacionales a las barriadas locales, Enrique Font, Eugenia Cozzi, Marcelo Marasca y María Eugenia Mistura comparten un análisis exhaustivo donde sitúan el “desembarco” de las fuerzas federales en el contexto del gobierno de la seguridad en la provincia y, en particular, en Rosario; y describen aspectos centrales de la intervención, las prácticas de Gendarmería y las percepciones sobre las mismas, por parte, principalmente, de residentes jóvenes y adultos de dos barrios populares y conflictivos de la ciudad.

 

El estudio selecciona tres variables de la intervención: El objetivo de llevar “orden y limpieza” a territorios definidos como “inseguros”, con la participación del municipio. Las interacciones entre Gendarmería y jóvenes de ambos barrios. Y, de manera preliminar, el impacto de la intervención en relación a la comercialización minorista de sustancias psicoactivas ilegalizadas.

 

El trabajo de los investigadores en estos barrios se produce desde hace cuatro años, en el marco de distintos programas de investigación, que posibilitaron un conocimiento particular de estos territorios así como la construcción de vínculos con las comunidades que los habitan. Inmersos en el campo, desarrollaron un análisis en base a observaciones directas realizadas en los territorios, relatos de residentes (jóvenes y adultos) y de personas que no viven en estos barrios pero trabajan en ellos y noticias publicadas en diarios locales.

 

Desembarco verde

 

 

El 9 de abril de este año, en respuesta a una grave crisis de seguridad, se produjo en Rosario un mega-operativo de intervención y ocupación por parte de fuerzas de seguridad federales y provinciales que, según algunas estimaciones, contó con la participación de dos mil policías federales, pertenecientes a Gendarmería Nacional, Prefectura Naval, Policía Federal y Policía de Seguridad Aeroportuaria, y agentes de las Tropas de Operaciones Especiales (TOE).

 

El estudio menciona, en base a informaciones tomadas de medios locales, que la avanzada dispuso de 450 vehículos y 6 helicópteros; que se realizaron en forma casi simultánea 89 allanamientos en “búnker emblemáticos donde se vende droga” en barrios rosarinos. Como resultado de los allanamientos se detuvieron 25 personas y se incautaron sustancias psicoactivas ilegalizadas. Los secuestros no fueron significativos cuantitativamente y las detenciones fueron sobre personas con participación marginal en la comercialización minorista.

 

 

Los dos barrios en los que acciona el equipo de investigación de la Cátedra de Criminología se encuentran en la zona sur de la ciudad, y en ambos la fuerza que intervino mayoritariamente fue Gendarmería. “Recorrimos ambos territorios durante la “ocupación” y pudimos identificar modificaciones en las estrategias implementadas. En ambos territorios, la presencia de Gendarmería constituyó un cambio abrupto en el servicio policial dentro del barrio”, dice el estudio.

 

La primera semana observaron una intensa presencia de gendarmes patrullando de manera sumamente frecuente -no superaba los 10 minutos-, con camionetas y autos. Durante la segunda semana merma la presencia de gendarmes. Las semanas siguientes la presencia de gendarmes dentro de ambos territorios fue disminuyendo cada vez más, permaneciendo algunas veces en los límites exteriores.

 

A tres meses del desembarco, los investigadores advertían en uno de los barrios la disminución del patrullaje y la presencia de Gendarmería, que ya coexistía con el patrullaje y la presencia de policía provincial. En el otro barrio, ya no encontraban presencia de gendarmes. En este caso, Gendarmería fue reemplazada, a fines del mes de mayo, por la flamante Unidad Barrial de la policía provincial.

 

 

Percepciones en los barrios intervenidos

 

El estudio plantea que el desembarco generó percepciones y reacciones heterogéneas, y en ocasiones paradojales, de parte de residentes y no residentes, jóvenes y adultos.

 

En uno de los barrios, tanto jóvenes como adultos residentes, refirieron que luego del desembarco no había habido robos y/o hurtos dentro del barrio. La sensación de mayor tranquilidad se vinculaba, principalmente, a la circunstancia de que dejaron de escucharse disparos de armas de fuego. En tanto, “muchos de los jóvenes que conocemos y que suelen participar en situaciones de violencia altamente lesiva, nos comentaron que con la llegada de Gendarmería las broncas estaban más tranquilas”.

 

En el otro barrio, “con el repliegue de los efectivos federales la situación cambió bruscamente. En este sentido, a partir de que Gendarmería fue reemplazada por la policía barrial, recolectamos extendidos comentarios de residentes –adultos y jóvenes- sobre tiros, nuevamente, a cualquier hora y especialmente luego a partir del comienzo de la noche y los fines de semana. Hemos recibido, además, comentarios de varios jóvenes heridos de armas de fuego”.

 

Prácticas abusivas

 

A la par de aquellas primeras valoraciones positivas en torno a la intervención de Gendarmería en estos dos barrios de la zona sur de Rosario, comenzaron a aparecer relatos cuestionando algunas prácticas de los gendarmes: “En general, estos cuestionamientos fueron presentados en términos de prácticas molestas, violentas y/o abusivas. Registramos relatos de prácticas que legalmente se definen como apremios ilegales y malos tratos”.

 

Por otro lado, surgió una diferenciación por parte de algunos habitantes entre policía provincial y Gendarmería, que apareció de manera muy marcada y extendida. Diferenciación que los y las residentes –jóvenes y adultos- realizaron en términos de respetabilidad, autoridad y atribuciones. En palabras de un joven, esto se explica porque “los policías no tienen derecho a hacerte nada porque también andan en la joda [participan de actividades delictivas] y los gendarmes tienen derecho a hacerte cualquier cosa”.

 

Finalmente, la intervención fue relatada en clave de espectacularidad, sobre todo en los primeros momentos. Más aún en relación al sobrevuelo diario de un helicóptero, algo infrecuente en Rosario.

 

El componente moral de la intervención: “orden y limpieza”.

 

Según los investigadores, pudo observarse una marcada línea de intervención vinculada a tratar de lograr un “orden” y “limpieza” en los territorios “ocupados”. “Así, las primeras semanas nos comentaban que, junto a la tranquilidad conseguida con la ocupación ya “ni música se escucha”. En uno de los barrios mencionaron que los negocios locales fueron notificados sobre la prohibición de venta de bebidas alcohólicas luego de las 22 horas. Relataron, además, que les requirieron los comprobantes de compra de mercaderías, como prueba de que no se trataba de elementos robados”.

 

Paralelamente, se intensificaron los controles sobre motociclistas. “Estas prácticas de control fueron valoradas en, por lo menos, dos sentidos. Por un lado, fueron apreciadas positivamente, ya que en estos dos barrios las “corridas en moto” son vinculadas a posibles tiroteos. Sin embargo, por otro lado, fueron descriptos como momentos muy incómodos y molestos, ya que afectaban y restringen las condiciones de libre movilidad. Cuestionaron, además, que le sacaban las motos a gente trabajadora, que las usan para ir a trabajar”.

 

 

Interacciones con jóvenes de los barrios intervenidos

 

La vinculación de los investigadores con los jóvenes en los territorios donde se produjeron las intervenciones permitió analizar las interacciones de estos actores con los agentes arribados. Así, algunos primeros relatos diferenciaban, en términos positivos, el trato de los gendarmes respecto del que ostensiblemente mantienen con efectivos de la policía provincial. Por ejemplo, mencionaron que el trato de los gendarmes se caracterizaba por ser más cordial y respetuoso y que cuando los detenían y requerían identificación les decían: “buenas noches”, “por favor” y “gracias”. Esto también se vincula con lo mencionado anteriormente respecto a la extendida visión de la policía como una institución desprestigiada y como un sitio de corrupción.

 

En tanto, en el término de una semana uno de los jóvenes relató que había sido detenido cinco veces. Otro de los jóvenes mencionó que fue detenido varias veces en el mismo día. Una referente barrial nos contó: “paran a los pibes que están en las esquinas o caminando y les piden el documento. Si es de noche y paran a un pibe que sea menor de edad lo mandan a la casa y a veces, aunque sean mayores les dicen que no pueden estar en las esquinas de noche y los disgregan”.

 

El estudio define que, poco a poco, con el paso de los días de la “ocupación”, comenzaron a aparecer relatos sobre las detenciones que, contrastando con los primeros, expresan un cambio en la percepción de las mismas. Comienzan a ser descriptas como discrecionales, molestas, violentas y abusivas. En suma, uno de los jóvenes contó “se comen el abuso y son re verdugos”.  Algunos de los jóvenes comentaron que los gendarmes se “hacen los vivos, los lindos con las pibas [jóvenes mujeres]” y veían como reprochable que les pidieran en teléfono a las jóvenes mujeres.

 

Otra madre contó que a su hijo le hicieron comer el cigarrillo que estaba fumando. Además, residentes comentaron dos situaciones de malos tratos a jóvenes con discapacidad. En un caso se trataba de un joven sordomudo, a quien Gendarmería le decía que se presentara, que dijera quien era, y ante la falta de respuesta le habían pegado (los jóvenes que relataban esta historia se reían al contarla). Otra madre nos contó que gendarmes maltrataron a su hijo que está en sillas de ruedas - producto de una bala policial - que lo hacían pararse y sentarse en el suelo, y que además lo golpeaban.

 

Comercialización de sustancias psicoactivas prohibidas

 

Los barrios periféricos de Rosario fueron en los últimos años escenarios en los que proliferaron los puntos de comercialización de sustancias psicoactivas prohibidas. El desembarco de las fuerzas federales buscó un impacto contundente sobre estos lugares. Sin embargo, en uno de los barrios los investigadores advirtieron que estos procedimientos se habían realizado con “información vieja”, en tanto el domicilio allanado hacía tiempo que ya no funcionaba como lugar donde se fraccionaba la sustancia. Asimismo, surgen de algunos relatos las dificultades para conseguir o comprar faso o merca luego de la “ocupación”. Algunos jóvenes mencionaron que para poder hacerlo es preciso moverse a otros barrios de la ciudad.

 

También surge que los puntos de comercialización “siguen estando pero que guardaron todo” y que han reducido su venta. Por un lado a través del acotamiento del funcionamiento a determinada franja horaria. Por otro lado, a través de la reducción de la venta a determinado círculo de personas. Por ejemplo, uno de los jóvenes nos contó que “el búnker [lugar estable de venta de drogas] de XX ahora abre solo de noche, y el otro día había una cola de una cuadra para comprar”.

 

Asimismo, aparecieron modalidades de venta al menudeo no tan habituales antes de la “ocupación”. En este sentido, una residente nos comentó que “ahora hay delivery de droga”. Explicó que por las noches en la esquina de su casa observó que aparecen de a dos o tres caminantes, que al llegar mandan un mensaje y que a los cinco minutos aparece una moto y “hacen la transa”. Los jóvenes nos mencionaron que van vendiendo con mochilas.

 

Fotos: Clarín - La Capital de Rosario - Diario Época

 



  • Publicado: 2014-10-01
  • Periodistas: Patricio Irisarri
  • Fotógrafos:
  • Infografía: Patricio Irisarri
  • Realizadores:
  • Categoria: Sociedad

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