Rosario, 23/05/2012 | 03:07
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La mujer en el III Milenio: por la igualdad con reconocimiento de las diferencias


La Mg. Ana Koldorf, docente de la Maestría en Género de la Facultad de Humanidades y Artes, analiza las implicancias del Día Internacional de la Mujer, las disputas y reivindicaciones, la identidad y las luchas de las mujeres en el Siglo XXI.  

Justicia de género y justicia cultural, dos reconocimientos pendientes para las mujeres.


"La pequeñez separa, el aliento une, seamos amplias y grandes.
No subestimemos cosas vitales por el sinfín de nimiedades que
nos confrontan…”

Emma Goldman(1)


Por Ana Koldorf*

 

¿Cuál es el origen del 8 de marzo, en que se celebra el Día Internacional de la Mujer? Según diferentes fuentes el nacimiento del Día Internacional de la Mujer, tiene muchos orígenes. Podemos referirnos al 8 de marzo de 1857 en Nueva York donde las mujeres de una fábrica (cuyo nombre también varía según la fuente) protestaron por la mejora de sus condiciones laborales, tras lo cual el dueño las encerró y prendió fuego a la fábrica muriendo 129 mujeres. Este hecho también se lo puede ubicar (según otras fuentes) el 8 de marzo de 1908 en que las trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York declararon una huelga en protestas por las condiciones insoportables de trabajo y el dueño no aceptó la huelga, cerró las puertas de la fábrica y le prendió fuego, muriendo abrasadas las trabajadoras. También mencionaremos el 23 de febrero de 1917 (8 de marzo según el calendario gregoriano), en Petrogrado, Rusia, donde un gran número de obreras textiles, tejedoras y modistas, se declaran en huelga. Sus reclamos por pan y paz marcarían el comienzo de la Revolución Rusa. Esta fecha se institucionaliza como el “Día internacional de la Mujer”: el día de la obrera.


Por todo lo dicho, por las ambigüedades, por las disputas de cuál es el lugar y el día que ocupa la Mujer en la Historia, hoy, entrado ya el III Milenio y en esta semana de marzo de 2011, nos proponemos saludar a las ciento de mujeres que estuvieron presentes y se destacaron en cada episodio, ya sea trascendente como cotidiano, de la historia de nuestro país, pero cuya presencia y voz han sido generalmente invisibilizadas por la historia oficial. Las políticas, como las que participaron en las luchas por la Independencia, las trabajadoras: docentes,
obreras, empleadas. Las migrantes; las pobres, las jefas de hogar, las cartoneras, las que tuvieron que prostituirse.


Las mujeres nos sabemos diferentes en identidad pero iguales en derechos a los hombres y por esta igualdad, con reconocimiento de la diferencia, luchamos. Y esta conciencia se está extendiendo rápidamente por todo el planeta. Esta es la revolución más importante porque llega a la raíz de la sociedad y al núcleo de lo que somos. Y es irreversible. Pero este proceso no significa que los problemas de discriminación, opresión y maltrato hacia las mujeres hayan desaparecido o disminuido en intensidad de forma sustancial. De hecho, aunque se ha ido
reduciendo la discriminación legal y el mercado de trabajo muestra tendencias igualadoras a medida que aumenta la educación de las mujeres, la violencia interpersonal y el maltrato psicológico se generalizan. Se ha adquirido una retórica de igualdad, sin que las inequidades se traduzcan en actos.

Pero tampoco podemos pensar a las mujeres, colectivamente, como víctimas porque en este proceso de lucha y de transformaciones también se han producido notables cambios en el orden de género. La misma incorporación de las mujeres al mercado laboral ha debilitado las fronteras entre lo público y lo privado generando nuevos fenómenos, no sólo en lo económico sino también en lo político y cultural. El manejo de dinero propio en el caso de las que trabajan, les da una mayor autonomía. La aparición de nuevas formas familiares; reconocimiento y
lucha por la práctica libre de los derechos sexuales y reproductivos, entre otras reivindicaciones. Todas estas modificaciones son también formas nuevas de resolución de la tensión entre emancipación y domesticidad. Los impactos de estas transformaciones, económicas y culturales en las mujeres tienden a impulsar una mayor capacidad de negociación, en la medida que les permiten acceder, más que antes, a ideas de emancipación, individuación, libertad, igualdad, modificando su auto percepción y su condición de sujetos de derecho (2).


En el nuevo milenio, según Fraser (3), es necesario luchar por la integración de la justicia de género y la justicia cultural con la justicia económica. Sin perder la dimensión del reconocimiento, es necesario imbricar la contienda por ambas justicias, ya que existe una nueva realidad que no deja escoger: para consolidar el reconocimiento se requiere de la redistribución y para que ésta sea justa e inclusiva se requiere del reconocimiento(4) Sólo con ambas dimensiones conquistadas y consolidadas se logrará una verdadera democracia capaz de desnaturalizar todas las formas de opresión.

 

(1) GOLDMAN, Emma “La tragedia de la emancipación de la mujer”, 1911, En Anarchism and other essays New York and London, Mother Earth Publishing Association, Second Revised Edition. Pp.53-73.

 

(2) VARGAS, Virginia, 2003 “Los feminismos latinoamericanos y sus disputas por una globalización alternativa”, en: Daniel Mato (coord.): Políticas de identidades y diferencias sociales en tiempos de globalización. Caracas: FACES – UCV, pp: 193 - 217.

 

(3) FRASER, Nancy, 1997, Iustitia Interrupta: reflexiones críticas desde la posición “postsocialista” Santa Fé de Bogotá: Siglo del Hombre Editores, Universidad de los Andes.

 

(4) FRASER, Nancy, 1998, “La justicia social en la era de las políticas de identidad: redistribución, reconocimiento y participación”, en Apuntes de Investigación-CECYP, Año 2, Nº 2/3, Noviembre de 1998. Buenos Aires.

 

*Ana Esther Koldorf es antropóloga, docente y Magister en “Poder y Sociedad desde la Perspectiva de Género”. Realizó investigaciones sobre relaciones de género en situaciones de pobreza y violencia y tiene numerosos artículos publicados sobre el tema. Es Directora-Coordinadora del Centro de Estudios Interdisciplinario sobre Mujeres (CEIM) y Miembro fundadora del Centro de Estudios de la Diversidad Cultural (CEDCU). Es Docente-Investigadora y Profesora Titular de la Escuela de Antropología de la Facultad de Humanidades y Artes y docente de la Maestría en Género en la misma Casa de Estudios.



  • Publicado: 2011-03-14
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  • Categoria: Sociedad

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