Rosario, 23/04/2014 | 03:17
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¿Qué podemos pedir a la filosofía?


Rubén L. Vasconi. Escuela de Filosofía, Facultad de Humanidades y Artes; Comité de Ética de la Investigación-UNR
E-mail: rvasconi@fhumyar.unr.edu.ar
 


Dado que en esta Comisión me encuentro representando a la filosofía y a fin de evitar demandas que no podría satisfacer, me parece conveniente comenzar con una breve caracterización de la naturaleza de la reflexión filosófica.
  Sería razonable que preguntásemos: según la medicina ¿hace bien o hace mal fumar? Y podríamos esperar, más allá de cualquier opinión de un médico particular, una respuesta de la medicina.
  Supongamos que ahora preguntásemos del mismo modo: según la filosofía, ¿Dios existe? Seguramente que sí, diría Sto. Tomás y a renglón seguido desarrollaría las famosas cinco pruebas para garantizar que lo que sostiene es verdad. Seguramente que no, diría Marx. “La religión es el opio del pueblo”, un invento de los explotadores para someter más fácilmente a los oprimidos. Como es una cuestión metafísica está más allá del alcance de nuestra capacidad de conocer, respondería Kant. La célebre afirmación de Nietzsche “Dios ha muerto” parece significar que en algún momento existió, pero ya no existe más. Para Gabriel Marcel, la cosa parece más complicada: como cada vez que hablamos nos referimos a algún objeto y Dios no es ningún objeto, “cada vez que hablamos de Dios no es de Dios de quien hablamos”. Y así podríamos seguir hasta el infinito.
  Mientras la ciencia muestra, en general, consenso y unidad, cuando nos acercamos al mundo de la filosofía lo primero que nos hace frente es la más anárquica multiplicidad: disputa entre las doctrinas, variedad en los estilos de filosofar y hasta en la determinación de cual sea el objeto de este pensar.
  Esto se debe a que la filosofía, como actividad espiritual, se encuentra en el entrecruzamiento de la ciencia, la religión y el arte.
  Como el hombre de ciencia, el filósofo suele enunciar proposiciones y procura fundamentarlas. Se parece a la religión por el tipo de cuestiones que suele tratar: Dios, el alma, el sentido último de la vida, el Bien o la Felicidad  total.
  Pero además, la actividad filosófica es siempre creación y, como en el arte, en ella únicamente tiene valor lo diferente. Por eso, sólo es filosofía aquello que es genial. Esto nos permite comprender por que, mientras de la Facultad de Ingeniería egresan ingenieros y de la de Medicina, médicos, de la de Filosofía no egresan filósofos. Tampoco cursando la carrera de Letras nos recibiríamos de poetas. Ninguno de estos tipos humanos se puede formar mediante un plan de estudios determinado.
  Quienes estudiamos filosofía nos recibimos de Profesores de Filosofía, es decir, personas que conocemos una tradición de pensamiento y a la que, a través de nuestras clases,
procuramos mantener viva. Esta tradición, a veces y de manera totalmente imprevisible, es asumida por un individuo especial, la convierte en material de su pensamiento, elabora algo original y, si tiene suerte y es aceptado, se convierte en un filósofo. Si no tiene suerte, será un chiflado.
  Puede haber científicos mediocres (no son Galileo, Newton, Hipócrates o Galeno). Son útiles, contribuyen al desarrollo del conocimiento y suelen ejercer de un modo responsable su profesión. Pero no hay filósofos mediocres; o son geniales o no son filósofos.
  Quería decir esto para supieran lo que no pueden esperar de mí en tanto estoy aquí como representante de la filosofía. Podemos esperar de la medicina que nos indique un régimen de alimentación saludable pero no podemos esperar de la filosofía que nos diga cómo debemos vivir. A las preguntas que hacemos, los filósofos nos brindan respuestas muy variadas, aunque ninguna de ella expresa la opinión de la filosofía.
  Pero familiarizarnos con la filosofía constituye el mejor camino hacia esa sabiduría que consiste en estar siempre abiertos a la infinitamente variada riqueza de lo real.-
 



  • Publicado: 2010-06-02
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