Rosario, 21/05/2012 | 06:49
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Fernando Cesaretti: “Argentina violó la soberanía de Haití en 1956”


El mes pasado Haití fue noticia por sufrir un devastador terremoto. La catástrofe causó cientos de muertos y forzó a diferentes naciones a sumar esfuerzos para brindar ayuda humanitaria.

Cesaretti recuerda un valiente ejemplo de la diplomacia haitiana en el país


Uno de los países más pobres del planeta, que días atrás no formaba parte de la agenda de los medios cobró celebridad a raíz de la alarmante crisis causada por un  terremoto que puso de manifiesto  históricos padecimientos sociales. Fernando Cesaretti, versado en historia,  repasa un hecho poco difundido de la historia argentina que involucra al país caribeño.

 

En el 2004 Haití celebró su bicentenario. Fue el primer país de América Latina en proclamar su independencia. El pueblo en su mayoría resultado de la trata de esclavos provenientes de África supo de la resistencia al yugo español primero,  y luego al feroz imperialismo francés. Esa lucha emancipadora, esa rebelión contra el sistema esclavista, y sus lacerantes estragos, fueron forjando su particular historia.

 

En las primeras décadas del siglo XX una corriente literaria surgida de las antiguas colonias francesas en América y África reivindican la cultura y la etnia negra, este movimiento se lo conoció como negritud y aglutinó a pensadores y poetas francófonos

 

El poeta Jean Brierre fue uno de los exponentes de este movimiento de intelectuales que exaltará los valores culturales de los pueblos negros.

Jean Brierre fue embajador de Haití en Argentina entre 1954 y 1956, y le tocó actuar en uno de los episodios sangrientos de nuestra historia. Y en ese hecho el diplomático haitiano “demostró inteligencia y coraje ante el atropello del gobierno dictatorial argentino”, dijo Cesaretti.

 

En nuestra historia nacional el golpe de estado del 55 marca uno de los momentos más álgidos en el enfrentamiento entre argentinos. Fundamentalmente por la feroz represión que se desataría año después.

 

Fernando Cesaretti, asiduo colaborador de revistas de divulgación histórica como Todo es Historia, y La Memoria de Nuestro Pueblo, rememora sobre  los sucesos del año 56.  “Ese episodio está muy bien relatado por Rodolfo Walsh en su obra Operación Masacre –a mi entender el mejor periodista argentino, en ese sentido comparable con Sarmiento en el siglo pasado-, y por el historiador Salvador Ferla en su libro Mártires y Verdugos”. 

 

Con respecto a la obra de Ferla, Fernando Cesaretti marca una diferencia, y sostiene que es necesario salir de un pensamiento binario donde hubo buenos y malos, por lo contrario el complejo episodio  tuvo mucho de intrigas, celos personales, en una interna militar que luego se dirimió decretando, por primera vez en la Argentina moderna, la pena de muerte a los participantes de este conato de rebelión.

Según la información que recaba Cesaretti “el alzamiento del '56 tuvo como detonante un descontento dentro de la violenta interna militar”.

“El movimiento militar del '56 no contó con el apoyo, desde el exilio, de Perón, ya que tenía muy mala opinión de Tanco y de Valle”, comenta Cesaretti. “Ellos habían formaron parte de la junta militar que tomaron el poder cuando Perón renuncia y fueron los encargados de negociar con los alzados de Córdoba. Tanco y Valle estaban más cerca de Lonardi que de Perón.  Tal es así que en una correspondencia a John William Cooke –delegado personal- Perón dijo si en septiembre del 55 “yo no me daba cuenta de la traición ellos mismos me habrían asesinado”.

 

 “Dentro de esa disputa militar Tanco y Valle toman contacto con la -en ciernes- resistencia peronista, y la resistencia presta algunos cuadros, pero doce horas después del estallido no queda nada. Ese fracaso se debe tanto a su falta de preparación como el grado de infiltración por parte de los servicios de inteligencia del gobierno de facto”.

 

“La sociedad argentina estaba dividida, y un importante sector apoyó la medida represiva que adoptó el gobierno de facto”. Para entender esa sociedad escindida el historiador agrega como dato que “los fusilamiento del 56 fueron aplaudidos en Plaza de Mayo por una multitud”.

 

 

El episodio de la embajada de Haití

 

 Vencido el alzamiento del 56, son fusilados algunos oficiales menores, y se busca fusilar a los dos principales responsables que son los generales Valle y Tanco. El gobierno negocia con los rebeldes la entrega de Valle e inmediatamente se ordena fusilarlo. A  Tanco no lo encuentran, y aparece en la embajada de Haití”, afirma Cesaretti, y agrega: “Esa  embajada tiene una particularidad, no se encuentra en Capital Federal, sino que es un chalet en Vicente López”.

 

Cuando el embajador Jean Brierre se dirige a cancillería para  denunciar que tiene unos exilados, se produce una acción ilegal: aprovechando que el embajador se ha retirado las 10 personas que pidieron asilo fueron sacadas por la fuerza. El general Domingo Quaranta invadió a punta de pistola la embajada para secuestrar y detener a los asilados. Esa operación se hizo con uniforme militar y con camiones del ejército, pero a pesar de eso el gobierno de Aramburu se desentiende del hecho”.  

 

El embajador protesta enérgicamente  ante el canciller y solicita ayuda a la embajada de EEUU. Cesaretti destaca la valentía del embajador y su esposa para reclamarles, a los militares que se están llevando prisioneros, que los reintegren a la embajada.

 

"La astucia de Brierre fue informar a la embajada EEUU sobre el asunto, ante este hecho el presidente Aramburu decide que se le devuelvan los prisioneros. Hay que tener en cuenta que Haití es un país muy pequeño, y no tiene peso internacional”, aclara Cesaretti.

 

Los prisioneros estaban bajo la responsabilidad del general Quaranta que tenían intenciones de fusilarlos. Rodolfo Walsh en su obra El caso Satanowsky afirma que Quaranta estaba a cargo del temible Servicio de Informaciones del Estado, en palabras de Walsh: “Había reclutado delincuentes comunes y convertido a la Side en una verdadera mafia”.

 

 “El destino lo hace partícipe de una situación brava y él actuó en consecuencia. En el reclamo ante el gobierno de facto argentino Brierre dice “los pequeños países deben ser respetados escrupulosamente porque son pequeños, para que el derecho sea un imperativo moral y no de fuerza”, relata Cesaretti.

 

“El embajador haitiano Jean Brierre cumple con todas las disposiciones con respecto al asilo. Informa a cancillería que tiene esas personas y pide el salvoconducto. Una vez que el papelón se produce el gobierno de Aramburu da marcha atrás y los refugiados terminan saliendo del país”.

 

Sobre las particularidades del asilo diplomático, Fernando Cesaretti reflexiona: “El asilo diplomático es una consecuencia de los estados nacionales endebles de los países latinoamericanos. Hay dos asilos que han sido emblemáticos para la región. El del líder peruano Haya de la Torre que estuvo en la embajada de Colombia en Lima durante 6 años; y el caso de Héctor J Cámpora que estuvo 5 años en la embajada mexicana en Buenos Aires”.

 

“En el caso de Cámpora la dictadura que tomo el poder en el 76 lo dejó salir para evitar un escándalo cuando vieron que se moría de cáncer”, concluye Fernando Cesaretti.



  • Publicado: 2010-02-16
  • Periodistas: Paulo Ballan -
  • Fotógrafos: Radio Universidad -
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  • Categoria: Historia

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Yo querris tener mas informacion acerca de la inscripcion de esta prestigiosa universidad.

Por Francisca Delia el 21/05/2012 06:49