La artista plástica y docente universitaria Noemí Escandell asegura que la estética está fundada por la ética.
Los curadores fomentan copiar el arte europeo, dijo Escandell
Su obra Desaparecido ha tenido una gran repercusión. Cuando la artista menciona la obra describe el clima que sentía durante los años del proceso: “Durante la dictadura militar se sentía algo muy profundo, y me dije Dios desapareció. Recordando esta sensación cuando me pidieron la obra lo hice desaparecer a Dios. En La Piedad de Miguel Ángel Dios estaba en las faldas de la madre, y yo se lo saqué”.
La obra consiste en la intervención de la fotografía de la escultura de Buonarroti donde Noemí, a partir de la ausencia del Hijo reconstruye la imagen con lápiz y le agrega en la cabeza la fotografía de un pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo.
En su formación universitaria reconoce como su maestro al destacado artista plástico Oscar Herrero Miranda. También menciona a dos artistas actuales - sus dos grandes amigos-, Luis Felipe Noé y León Ferrari.
“La obra de León Ferrari es un ejemplo de cómo la ética funda la estética”. “A León –cuenta Noemí- le mataron un hijo en la Esma, y los sacerdotes iban a exculpar a los militares. ¿Cómo no va a pensar León que la Iglesia es una institución que ha promovido la tortura?”
“En Rosario viví cosas hermosas” recuerda Mimí Escandell. “Yo participé en el Tucumán Arde. Fue un prolegómeno del rosariazo. Fue una importantísima obra que hicimos un grupo de artistas durante la dictadura de Onganía.”
Un grupo de artista rosarinos y porteños, “renunciando a las instituciones de consagración burguesa” se encarga de aclarar Escandell, se acercan a la C.G.T. de los argentinos que conducía Raimundo Ongaro para sumarse a la comisión de cultura de la central obrera.
Noemí Escandell no duda en definir como apasionante la tarea que le tocó desempeñar en dicho trabajo colectivo. “La C.G.T. de los argentinos había elaborado un mensaje con 10 puntos y nosotros elegimos como tema el cierre de los ingenios azucareros de Tucumán. Fui al campo a entrevistar al obraje, a las maestras, a la gente del lugar. Me acompañaba filmando y tomando fotos Norberto Puzzolo”.
Noemí se entusiasma en el relato y sus anécdotas no dejan de brotar: “En Tucumán abrí los ojos. Venía leyendo toda la bibliografía de la época, como ser Mitologías de Roland Barthes, y Los Condenados de la Tierra de Frantz Fanon, y también libros sobre la revolución cubana, y sobre Argelia. Pero hablando con la gente del campo y viendo a los chicos me di cuenta lo que era la explotación del hombre por el hombre. Lo cual para mí era un enunciado abstracto”.
Esa experiencia tan significativa en la historia del arte y las vanguardias políticas la llevan a la siguiente reflexión: “No hay que entender al arte como un aporte comunicacional. El arte no comunica. Hay que participar de la misma empiria. Eso es lo que une arte y política.”
“Yo soy moderna”, se autodefine Escandell, “la diferencia entre el hombre moderno y el posmoderno es que el moderno quiere cambiar el mundo”. “En la enseñanza encontré la manera de romper con el neoliberalismo. No creo en los genios ni en la inspiración. Es neoliberal pensar que el que no es un genio o no está inspirado es un fracaso”.
Noemí Escandell afirma rotundamente que los argentinos son personas profundas e inteligentes, pero se lamenta por la falta de estima por la producción artística local. “La gente es capaz pero vive mirando y copiando el arte de Europa, y muchas veces esto es fomentado por los curadores.”