Rosario, 21/05/2012 | 05:54
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Dejar todo por los pobres: la vida del Suizo Ruttimann


Desde los 19 años Toni Ruttimann, conocido como “El Suizo”, dedica su día a día a levantar puentes colgantes hechos de chatarra en sitios aislados y carenciados, que han sido golpeados tanto por desastres naturales como por atrocidades de la misma humanidad. El martes 9 de junio ofreció una charla en la Facultad de Ingeniería, y compartió su experiencia de vida, realmente admirable.

Toni y su colaborador Walter Yánes, en Ecuador.


La historia de Toni Ruttimann comenzó en Ecuador, hace apróximadamente dos décadas. Luego se trasladó a Centro América, Honduras, y después cruzó el Océano para ir al Sudeste Asiático. Ese fue el recorrido que realizó “El Suizo”, impulsado por sus ganas de colaborar en la vida tan difícil de la gente. Sin otros intereses más que el de ayudar, fue recorriendo los distintos países en busca de lugares donde instalar un puente y abrirle camino a miles de personas. La Facultad de Ingeniería fue el escenario donde Toni expuso su experiencia, y compartió con los presentes un video de diez partes, con imágenes y anécdotas de sus últimos 22 años.


Construir para ayudar


“Dos semanas antes de terminar el colegio vi en las noticias, las imágenes de un terremoto en Ecuador y me impactaron tanto que decidí hacer algo útil con mi vida, por lo menos durante dos o tres meses antes de empezar la Universidad”. De esa manera, Toni Ruttimann juntó algunos ahorros y la misma noche que terminó el Bachillerato tomó un avión rumbo a Ecuador, en contra de la opinión de los padres. “Tenia que ir, y me fui” señaló.


“Cuando llegue, vi lo que era no tener un puente, que no exista un paso para el otro lado. Ahí tuve la suerte de encontrar en la zona, totalmente destruida, un Ingeniero holandés que había dejado un trabajo para continuar. Con mis ahorros y la ayuda de la gente construimos el primer puente, lo que nos levó cerca de cinco meses” expresó a los presentes. “Así me enamore de ser puentero, de la utilidad que uno puede darle a la gente con un simple puente” agregó El Suizo.


Sin embargo, regresó a su país de origen, a estudiar en el Politécnico la carrera de Ingeniero Civil, pensando que con más conocimiento podría ayudar mejor. Duró en la Universidad solo seis semanas, luego renunció, y supo que su vida tenia que estar destinada a los pobres. De esa manera volvió a Ecuador.

 

La decisión está tomada


País con gran diversidad geográfica y ecológica de Latinoamérica, característica que hace imprescindible la construcción de puentes, fue el primer destino de Toni. Terremotos, actividades volcánicas, desprendimientos de tierras, inundaciones, suelen presentarse sin piedad en la República del Ecuador. Hoy, mirando en retrospectiva, son más de 150 los puentes peatonales seguros que se levantaron, dando paso a más de 238.000 ecuatorianos.

 

“Durante los primeros años, viviendo en la Amazonia, aprendí. No solamente a realizar puentes, sino que aprendí a vivir porque un muchacho suizo no sabe realmente lo que es la vida” manifestó. A esto, agregó que el modo de hacer un puente nació junto con la gente y no de algún estudio de Ingenieros, y llevarlo a cabo es posible sin que exista necesidad de grandes maquinarias.



En una vuelta a Suiza, a los cuatro años de comenzar a trabajar como “puentero” –como el mismo se llama-, se reunió con los suyos y les enseñó lo que estaba haciendo en América Latina. “Se conmovieron tanto que me regalaron dos camiones viejos, una soldadora, y aparatos para tensar cables. Me  lleve todo ese tesoro a Latinoamérica para trabajar un poquito mejor” explicó.


A medida que pasaba el tiempo, fue necesario conseguir más material para seguir tendiendo puentes, y Toni, después de ser rechazado por más de 50 compañías, moviendo cielo y tierra, finalmente consiguió donaciones de cables, y pudo comprar tubos con ayuda de amigos. “Cuando hay un desastre, hay mucha buena voluntad que se puede aprovechar” destacó.

 

De esa manera, continuó la vida del Suizo, luego por el Sudeste Asiático, ayudando en países donde el sufrimiento de la población era la normalidad. Más de 120 puentes realizados entre Camboya, Laos y Vietnam lograron unir escuelas, mercados y hospitales, muchas veces en reemplazo de los resbalosos “puentes de monos” de bambú.


Toni sigue con su propósito como el primer día, impulsado por las mismas ganas de ayudar a la gente. Afortunadamente, hoy cuenta con colaboradores fijos: grandes compañías donan los materiales que se necesitan para que la “fábrica de puentes” siga funcionando. Además,   trabaja en simultáneo con un grupo de personas desde distintas partes del mundo.



Sin embargo, es destacable la humildad con la que narra su historia, la misma que hace 20 años lo lanzó a dejar toda una vida confortable, a cambio de colaborar desinteresadamente con aquellos de los que nadie se acuerda.



  • Publicado: 2009-06-11
  • Periodistas: Ana Paradiso -
  • Fotógrafos: Radio Universidad Radio Universidad
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  • Realizadores: -
  • Categoria: Sociedad

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