Rosario, 28/06/2017 | 04:17
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Más áreas verdes, menos inundaciones


Un equipo de investigadores del Conicet en la Facultad de Ciencias Exactas, estudia el impacto que tienen las áreas verdes sobre las inundaciones en Rosario y propone estrategias para reducir las posibilidades de que estas ocurran contemplando las  consecuencias de la creciente urbanización y del cambio climático.

Estudiaron el impacto de las áreas verdes en los sistemas de drenaje.

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“Originalmente pensábamos que el impacto de las áreas verdes a nivel urbano no era tan relevante para la reducción del escurrimiento superficial, pero el estudio demostró que es muy importante mantener en la ciudad los espacios verdes que originalmente estaban pensados como tales, sobre todo si son tierras inundables”, señaló el director del proyecto, Eric Zimmermann.

 

Según explicó el especialista, el agua tiene un ciclo a nivel continental en el cual las precipitaciones en parte se infiltran en la tierra humedeciendo el perfil del suelo y llegando a las napas y en parte son interceptadas por la vegetación que las retienen. Sin embargo, al avanzar la urbanización las áreas cubiertas de vegetación se reducen y una porción importante de la superficie del suelo se vuelve impermeable debido a la pavimentación y la edificación. Como consecuencia de esto, menos agua se infiltra y más escurre llegando al sistemas de drenaje pluvial que son los conductos subterráneos que permiten evacuar el agua de la ciudad llevándola hacia, en el caso de Rosario, el Río Paraná.

 

“Cuando el drenaje está superado en su capacidad, el agua no puede ingresar a esos conductos y permanece en la superficie provocando inundaciones”, explicó Zimmermann y agregó “si el agua escurre lentamente no son necesarias grandes obras hidráulicas, pero si toda el agua llega junta a los desagües y el volumen no se reparte en el tiempo porque no existen áreas verdes de retención, cada vez deben hacerse mayores obras hidráulicas”.

 

Zimmermann junto a un equipo interdisciplinario evaluó el impacto que tendría el incremento de la superficie verde en los sistemas de drenaje existentes en una zona del barrio de Fisherton de Rosario, cercano al arroyo Ludueña. En ese lugar se había construido el Emisario 10 y no había registros históricos de inundaciones hasta diciembre de 2012 cuando, luego de una precipitación intensa, el agua dejó anegadas varias de sus calles.

 

Para llevar adelante este estudio, los investigadores analizaron la situación actual y la contrastaron con tres escenarios posibles a futuro: un escenario moderado donde se consideró la superficie urbanizable de acuerdo a las regulaciones actuales, un escenario pesimista donde las edificaciones avancen incluso a espacios que actualmente no son edificables y un escenario verde que contemple estrategias de retención de agua en áreas con vegetación y respete las zonas no urbanizables.

 

Para poder predecir cómo se comportaría el drenaje pluvial en los diferentes escenarios, los expertos aplicaron un modelo hidrológico dónde, a través de un sistema de ecuaciones, representaron la forma en que se modificarían los distintos componentes del ciclo hidrológico en cada caso.

 

El análisis permitió cuantificar cómo el incremento de las áreas verdes mejoraría el sistema de drenaje pluvial. Los resultados mostraron que el escenario moderado y el pesimista supondrían un aumento del riesgo de inundación de 1,9 y 4 veces, respectivamente. Mientras que el escenario verde contribuiría a mantener las actuales probabilidades de inundación contemplando mayor población y urbanización.
Hacia un escenario verde

 

¿Cómo generar nuevas áreas verdes cuando el crecimiento de la población hace prever un aumento en la edificación y pavimentación? “A través de verederas, terrazas y paredes verdes” fue la respuesta de los expertos.

 

Una forma de retardar y disminuir el drenaje de agua durante una lluvia desde cada una de las viviendas hacia el sistema de desagüe pluvial de la ciudad es a través de franjas de infiltración en sus veredas. Estos dispositivos desde la superficie se ven como áreas de césped, pero en profundidad son zanjas rellanas con material permeable que en algunos casos también cuentan con una serie de conductos que permiten que el agua vaya a la napa subterránea en lugar de ir hacia el sistema de desagüe. “De esta manera, además, estamos restaurando la situación original donde las napas se alimentaban por el agua de lluvia. Al pavimentar se desconecta la superficie de la profundidad y el nivel del acuífero subterráneo comienza a bajar”, subrayó Zimmermann.

 

Las terrazas verdes son otra alternativa y consisten en colocar en los techos de los edificios un sustrato, que puede ser tierra, donde crezcan diferentes plantas. Por un lado, la tierra retiene el agua haciendo más lento el escurrimiento. Por otro lado, las plantas absorben parte del agua y la transpiran devolviéndola a la atmósfera y disminuyendo la cantidad que llega a los desagües pluviales. De modo similar, las plantas que se adhieren a la pared formando superficies verdes verticales pueden contribuir a aliviar el drenado interceptando la lluvia.

 

Tomando como ejemplo la zona del emisario 10 en Fisherton, Zimmermann junto a alumnos de la carrera de Ingeniería Civil de la UNR hizo una estimación económica del impacto que tendría la modificación del uso del suelo en el costo de la infraestructura. “Un escenario pesimista cuesta diez veces más en infraestructura de drenaje que un escenario futuro respetando espacios no urbanizables y sumando espacios verdes en la viviendas como las franjas de infiltración”, afirmó el investigador.

 

Equipo de investigación involucrado en el proyecto: Erik Zimmermann, Laura Bracalenti y  Rubén Piacentini.


Periodista: Vanesa Bomben. CONICET Rosario

 



  • Publicado: 2017-04-10
  • Periodistas:
  • Fotógrafos: Pablo Correa
  • Infografía:
  • Realizadores:
  • Categoria: Ciencia